opinion
A las mujeres se nos exige el doble
Grisel Bethancourt - Publicado:
Una de las dificultades que enfrentamos las mujeres para que se nos reconozcan capacidades, habilidades y destrezas, está relacionada con la socialización de la inferioridad femenina, enquistada culturalmente en la sociedad, a través de un proceso y legado milenario, que empieza con el nacimiento y termina con la muerte.Mucha agua ha corrido bajo el puente, desde los días aciagos en que las mujeres carecíamos de los más elementales derechos humanos, incluido el derecho a la vida.Apenas finalizado el siglo XIX, logra que se le considere apta para el ejercicio ciudadano, es decir, capacitada para votar, y muy posterior a ello, digna de ser elegida para puestos de poder político.Largo ha sido el camino recorrido y pese a los avances que en el terreno tenemos que reconocer, gruesos son los escollos que impiden una interrelación equitativa de género, más allá de lo que la retórica explícita en la discusión presente.Siempre se ha sostenido, que el cambio no es fácil, ni siquiera para los que se benefician con el mismo, de modo que no es nada extraño, que inclusive las propias mujeres contribuyamos con actitudes y comportamiento a transmitir (cuando educamos) a reforzar o reproducir, esquemas y estereotipos que conspiran contra la aspiración de igualdad que tanto deseamos.Y es que romper hábitos, costumbres y valores en una sociedad estructurada para cohesionarlos en aras de la primacía de los hombres, es una tarea durísima, en la que muchas veces el inconsciente colectivo tiene un papel fundamental.Todo cambio, por bueno que parezca, viene precedido por una crisis, por lo que resulta más cómodo evitar la incomodidad o la angustia que ello nos pueda ocasionar.Lo antes dicho podemos palparlo en el cauce sin fin de la vida cotidiana, en las instancias, sociales, económicas y políticas.A manera de ilustración paso a relatar una pequeña anécdota: mientras esperaba en un taller de mecánica de automóvil, observé a un hombre preguntarle a la administradora, los precios sobre el cambio de aceite de determinada marca de automóvil, después de lo cual con mal disimulada suficiencia manifestó "que él se ocupa del cambio de aceite del auto de su cónyuge, porque las mujeres no saben nada de estos menesteres; por consiguiente él era el que tenía que estar al tanto del mantenimiento del vehículo, pese a que su mujer se desempeñaba en una alta posición en una X institución".En otras palabras, según nuestra interpretación, las mujeres pueden competir con nosotros en el campo laboral, pero hay tareas para las que no les concedemos ninguna aptitud, porque en ellas son incapaces.¡Cuánto crédito les damos, cuando les permitimos que nos inhabiliten en tareas que no requieren mayor formación, tal vez un poco de entrenamiento y atención.! Pero es que en ello persisten y sobreviven, linderos artificialmente construidos en base a una división artificial de roles y funciones generada en una antiquísima separación genérica de la producción social.Esta es una de las formas cotidianas con las que se descalifica el potencial femenino; pero quiero referirme a otra, aún más efectivamente perniciosa, que tiene que ver con la permanente actitud de socavar el trabajo femenino, sobre todo si éste tiene un cariz político.Notable es la singular predisposición de algunos varones y también mujeres a criticar de manera no constructiva la ejecutorias gubernamentales de la actual mandataria, obviando que ni siquiera lleva cien días en el poder, por el prurito prejuicio que caracteriza la cultura patriarcal en la que se inscribe nuestra sociedad.Si ponderamos algunas de las cosas que insanamente se cuestionan llegaríamos a la conclusión de que sólo se objetan porque al mando está una mujer; tampoco es que pretendamos que no se le critique por asunto de género; no es la idea central de nuestras observaciones, pero la pregunta que nos hacemos es: ¿por qué los hombres tienen menos exigencias en los puestos de poder ? y el resultado salta a la vista: las mujeres pagamos un doble costo por desarrollarnos social y políticamente.Se nos exige más, tal vez por la audacia de reclamar y hasta ganar, cuotas de igualidad y poder en la arena social.Una última reflexión, algo que conviene señalar es el hecho de que algunas batallas encarnizadas contra las mujeres, las hacemos las mujeres; tal vez, porque hemos aprendido e introyectado la falta de solidaridad que el sistema patriarcal promovió como mecanismo antagónico de dominación social.Los celos y la rivalidad entre nosotras, suelen adquirir ribetes que interfieren con la construcción de un modelo nuevo de géneros y sociedades; fomentando que todo nos cueste más y si no, obsérvese que algunas cuando adquirimos puestos de mando la enfilamos contra el género hasta contra trivialidades como el atuendo y los artificios para desempeñarnos laboralmente.