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"Me han crucificado"
José Pineda - Publicado:
Tales fueron las palabras -según el Padre Agustín Goicochea- del sacerdote carmelita, Martín Astiz Villabona, oriundo de Navarra, quien consagrara sus últimos 30 años de existencia a Panamá (a los panameños (as) que tanto lo lloran), cuando, por un supuesto error médico quirúrgico, fue visitado por su cohermano sacerdote al día siguiente de la fatal intervención operatoria.Literal y realmente por 7 años quedó inválido, discapacitado, cuadraplégico, crucificado, no en una cruz, sino en una silla de ruedas, es decir de por vida sin esperanza de recuperación.Ahora bien, una docente que fue infamemente e injustamente depuesta de su cargo, sancionada, difamada con sevicia, privada de su legítimo sustento como consecuencia de una de esas muchas trapisondas y manejos arteros de funcionarios inescrupulosos y corruptos, deprimida y totalmente afectada en su fe en Dios y en los hombres, se acercó a desahogarse y a confesarse con el Padre Martín Astíz, quien ha hecho historia por su dedicación al Sacramento de la Reconciliación, y al iniciar su recuento de eventos, súbitamente quedó muda, silenciosa, al contrastar que su cruz no era comparable con la del presbítero que la atendía.Me imagino que como ella, muchos otros que se acercaron a él en este mismo sacramento experimentaron la misma vivencia.Cualquier sufrimiento que le lleváramos no podría estar en la balanza con el del sacerdote enfermo y paciente.Y eso lo hizo por 7 años en el magnífico templo de Nuestra Señora de El Carmen.Nuestro mundo actual es un mundo exhausto de emociones fuertes, ha quedado como congelado en una insensible indiferencia.Lo mismo le da el frío que el calor, blanco que negro, hombre o mujer, muerto que vivo, ganar o perder.Fuera de un pequeño grupo que se emociona con los resultados de la ANAPROF, fuera de pequeños grupos que se emocionan con los cantantes de moda, los bailarines de moda, las bellezas de moda, pocos y pequeños grupos siguen a inspirados políticos con discursos llenos de soluciones de cafetín o de escritorios y las famosas encuestas de carne y hueso, pocos se emocionan a no ser pequeños grupos de entendidos si la Bolsa de Nueva York se viene abajo y arrasa con empresas y empleados.El gusto se nos ha estragado.Sin embargo, es imposible que no reaccionemos a algo que no ocurre todos los días, que un ser humano cuadraplégico, completamente inválido, que tiene manos y no las puede usar, pies y tampoco le sirven de nada, que sus necesidades elementales las tiene que realizar con el concurso de otras personas.Un ser dependiente totalmente de otros seres y no obstante, a pesar de esas limitaciones, sonríe hoy, mañana, pasado mañana, siempre y a todo el mundo, y no sólo eso, lo inaudito, es sacerdote y como tal, celebra la eucaristía todos los días, y con voz sonora predica sobre la honradez, la sencillez y sobre la verdad y sobre el evangelio de Jesucristo, sobre los valores eternos.Es inaudito que un ser así sea tan disponible y que todas las semanas a la hora determinada, ofreciera cursos de preparación para la confirmación a la juventud, y que se interesara por la salud espiritual de los demás, es ciertamente un espectáculo para sacudir al ser más insensible y embotado por la indiferencia y el agnosticismo.Ese era el Padre Martin Astiz, carmelita.Escuchemos extractos de su testimonio escrito: "El dolor ha sido duro, fuerte y prolongado.A veces he tenido noches larguísimas, que no veía cuándo iba amanecer, he tenido mañanas sin ninguna esperanza, sin ninguna perspectiva, he tenido tardes dolorosísimas donde pareciera que todo era nubes negras que amenazaban tormentas.Ante todo esto, por la misericordia del Señor no he renegado nunca de mi suerte, porque para mí no existe la suerte, es algo mucho más profundo que suerte.De todas formas, Dios me ha dado la posibilidad de no perder nunca mi buen ánimo, mi buena disposición y mi espíritu bastante equilibrado.Ante el dolor me he preguntado muchas veces, ¿por qué me ha sucedido todo esto? No solamente he preguntado ¿Por qué me ha sucedido? ¿Si no por qué existe tanto dolor entre los humanos, en el mundo, en todos los seres que sufren? No he encontrado ninguna respuesta convincente, ni en los filósofos, ni en los pensadores, ni en los escritores, sola y únicamente me he reducido a leer la Biblia y tratar de encontrar alguna respuesta que pueda ser positiva ante este enigma tan profundo, tan extendido y tan real en la vida del hombre y en mi propia vida.Ninguno me ha dado una respuesta que pudiera ser "Aquí está la respuesta al dolor", sola y únicamente después de leer muchos libros, porque he tenido como hambre de buscar una respuesta al problema de mi dolor.Solamente en el Evangelio y en la vida de Jesús y de otros Santos, como San Juan de la Cruz, Santa Teresita y todos muchos santos que han sufrido, he encontrado como una explicación, he encontrado como una respuesta del sentido del dolor...tengo que confesar que mi dolor me ha servido para que llegue a la conclusión, que soy sumamente débil, que no puedo vanagloriarme de ninguna fortaleza, la autosuficiencia mía, he quedado en cero...No es nada fácil entender el significado de la cruz.La cruz para todas las personas que no han entrado de lleno en el conocimiento experimental de Jesucristo es algo repugnante como dice el Apóstol Pablo "La cruz para los judíos es un escándalo, la cruz para los sabios de Grecia y con ellos todos los que han venido después, es una necedad, pero para los elegidos, para los llamados, la cruz es la salvación", y la cruz dolorosa termina con la cruz gloriosa.No hay evangelio sin cruz...".El 3 de abril se despidió de nosotros y nosotros de él en el templo de Nuestra Señora de El Carmen, presidida la asamblea por un nutrido grupo de sacerdotes ibéricos de servicio en nuestra Arquidiócesis y en gesto de lealtad, solidaridad y admiración de tan sufrido y valiente sacerdote.