Hígado graso no alcohólico: la enfermedad silenciosa que avanza cada año
Unas 200 personas son diagnosticadas con este padecimiento por año.
El daño hepático no ocurre de la noche a la mañana; progresa de forma gradual a través de diferentes etapas de severidad. Foto: IA
La enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA) se ha convertido en una de las condiciones metabólicas más comunes y preocupantes a nivel global. Al tratarse de una patología mayormente silenciosa, miles de personas la padecen sin experimentar síntomas evidentes hasta que el daño es severo.
Se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en las células del hígado de personas que consumen poco o nada de alcohol. El órgano suele contener un pequeño porcentaje de grasa, pero cuando esta supera el 5% al 10% del peso total del hígado, se diagnostica oficialmente esta condición.
Además, está estrechamente vinculada con trastornos del metabolismo como: obesidad y sobrepeso, diabetes tipo 2 o la prediabetes (resistencia a la insulina), niveles elevados de colesterol y triglicéridos en sangre y presión arterial alta (hipertensión)
El daño hepático no ocurre de la noche a la mañana; progresa de forma gradual a través de diferentes etapas de severidad:
- Esteatosis simple (Hígado graso leve): En esta fase, la grasa simplemente comienza a acumularse en las células hepáticas, pero no hay presencia de inflamación ni cicatrices en el tejido. Es un estado completamente reversible mediante cambios en el estilo de vida, una alimentación balanceada y actividad física.
- Esteatohepatitis no alcohólica (EHNA o NASH): En este nivel, además de la acumulación de grasa, las células del hígado se inflaman (lo que se conoce como esteatohepatitis) y se produce daño celular. La inflamación constante puede empezar a generar pequeñas cicatrices en el órgano.
- Fibrosis hepática: La inflamación persistente provoca que el tejido sano del hígado sea reemplazado paulatinamente por tejido cicatrizal (fibrosis). Aunque el hígado todavía puede realizar sus funciones básicas, su flexibilidad y flujo sanguíneo comienzan a verse comprometidos.
- Cirrosis hepática: Es la etapa más severa e irreversible. El tejido cicatrizal domina gran parte del órgano, lo que impide que el hígado funcione correctamente. La cirrosis puede evolucionar hacia insuficiencia hepática o derivar en cáncer de hígado (hepatocarcinoma).
La Dra. Julissa Lombardo, gastroenteróloga y hepatóloga, advierte sobre el alarmante aumento de casos debido a la falta de prevención y diagnósticos oportunos.
"Dada la naturaleza silenciosa de las enfermedades hepáticas, donde los síntomas pueden ser escasos o inexistentes, [es de suma] importancia realizar consultas médicas preventivas, especialmente para aquellos con factores de riesgo como obesidad, hipertensión, diabetes o infecciones virales", afirmó.
La especialista señaló que herramientas tecnológicas avanzadas y no invasivas como fibroscan (elastografía hepática) resultan cruciales en el país, pues permite clasificar con exactitud el nivel de rigidez o fibrosis del órgano de manera rápida y sin necesidad de biopsias dolorosas.
Dado que en las etapas iniciales de la EHGNA no existen medicamentos específicos para su cura, el pilar del tratamiento sigue siendo el cambio de hábitos.
Se aconseja a los pacientes reducir entre el 7% y el 10% de su peso corporal para disminuir drásticamente la grasa acumulada y la inflamación hepática, priorizar el consumo de vegetales, grasas saludables (como el aceite de oliva y el aguacate), pescados y granos enteros, reduciendo al mínimo los azúcares refinados y alimentos ultraprocesados, realizar al menos 150 minutos a la semana de actividad física de intensidad moderada ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina y solicitar a su médico un ultrasonido abdominal o pruebas de perfil hepático en sangre para actuar a tiempo.