Ser madre adoptiva es un privilegio y una bendición
Solo una madre adoptiva puede afirmar que el amor que se siente al ver a un niño por primera vez es igual que en las ...
Ser madre adoptiva es un privilegio y una bendición
Solo una madre adoptiva puede afirmar que el amor que se siente al ver a un niño por primera vez es igual que en las madres biológicas.
Si bien es cierto que traer un hijo al mundo es uno de los dones más increíbles que ha dado Dios, es aún más sorprendente el don de amor que muchas personas demuestran al adoptar a un pequeño que ven por primera vez en su vida.
Cualquiera que sea la razón que lleve a una pareja adoptar, la acción da como resultado una familia armoniosa y feliz, pues el tiempo que se toman para que este esfuerzo se vuelva una realidad no cualquiera está dispuesto a superar.
Una de estas experiencias la vive Carolina, quien desde muy niña tuvo la motivación de que algún día, independientemente de que tuviera o no hijos biológicos, iba adoptar a uno.
"Para mí era una deuda con la vida, porque fui criada por otra persona que no fue mi madre biológica", manifestó.
Explicó que durante muchos años intentó quedar embarazada, sin embargo, la última vez cuando tenía cuatro meses de gestación, lamentablemente tuvo un aborto.
"Empecé un proceso de adopción, el cual fue tedioso y largo, por lo que desistí en dos ocasiones, pero las ganas de ser madre me motivó a intentarlo de nuevo y fue allí cuando decidí que quería un bebé en mi casa.
"Han pasado más de 15 años desde que tomé esa decisión y no me arrepiento. No fue un proceso fácil, pero hoy día no me arrepiento de la hermosa hija que tengo y de los valores que le enseñé para que sea una mujer de bien en el futuro", expresó emocionada Carolina.
Relató que cuando tuvo a su pequeña en brazos por primera vez fue algo mágico y desde ese momento hemos sido muy unidas", añadió.
No obstante, Carolina señala que con el pasar de los años se puso a pensar cuándo era el mejor momento para decirle la verdad a su pequeña, ya que su esposo no quería, pero ella sentía que tenía que hacerlo. "Yo le había contado mi historia y fue así como encontré la manera para cuando le revelara la verdad no fuera tan dura y lo pudiera asimilar lo mejor posible", recordó.
"Ella creció tranquila, pero lamentablemente con los años se dio la ruptura matrimonial, lo que la afectó", manifestó.
Indicó que cuando se separó de su esposo fue difícil para su pequeña y asegura que ella hizo una relación entre el abandono de su madre biológica y cuando su padre se fue de la casa. No obstante, la relación entre ellas es muy estrecha, a pesar de que su carácter cambió notablemente.
"Recuerdo el día que me preguntó sobre su origen, ella quería saber por qué su madre biológica la abandonó. Fue un momento difícil, pero tuve la fuerza para decirle que había situaciones en la vida, en las que las personas hacen un sacrificio por el bienestar de otras y volví a hablarle de mi vida, ella se sentó en el piso y empezó a llorar. Después de ahí no me volvió a preguntar el tema", señaló.
La emocionada madre afirmó que cuando se hace esa conexión entre dos personas, no tiene nada que ver la sangre.
"Incentivo a esas mujeres que no pueden tener bebés a que se atrevan a adoptar a un niño. Es una experiencia mágica y una bendición de Dios. Además no hay diferencia entre una madre biológica y una madre adoptiva porque reímos, lloramos en todo momento", añadió.
Carolina cuestionó que el proceso para que los extranjeros adopten a un niño es más fácil; mas no así para los nacionales.
"No sé ahora, pero cuando yo empecé el proceso, ellos llegan e inician los trámites y dura menos tiempo que cuando un nacional solicita la adopción. Sin embargo, les digo a las parejas que no cesen y se atrevan a darle amor a un pequeño que por distintas razones está en un albergue esperando que los adopte", puntualizó.