¡Adiós, maestro!
Hace poco menos de dos semanas Olga Sinclair celebraba un récord mundial y anunciaba, con entusiasmo, que al igual que el Canal de Panamá, su padre, el maestro de la pintura Alfredo Sinclair Ballesteros, también cumpliría 100 años. Ayer, amanecimos con la noticia de que una falla cardíaca apagó la vida del “Padre de la abstracción”. Tenía 99 años.
El 8 de diciembre de 1914 nació quien en vida sería uno de los más reconocidos pintores panameños. Sus primeros pasos en el arte de la pintura los dio en Argentina, donde los compaginaba su trabajo en una empresa de tubos fluorescentes, de ahí el uso del neón en la mayoría de sus obras.
Una beca para estudios artísticos en Buenos Aires le permitió seguir perfeccionándose. En 1949 obtuvo el IV puesto en el XXVIII Salón Anual de la Asociación de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes.
En enero de 1950 presentó su primera exposición individual en una galería de Buenos Aires y, dando por concluida su etapa de formación, regresó a Panamá, donde se estableció como pintor y ese mismo año organizó cuatro exposiciones individuales y ganó mención honorífica en el Concurso Nacional de Pintura.
El 13 de septiembre de 1953 se casó con Olga Ávila, con quien tuvo tres hijos: Jorge, Olga y Miguel Ángel.
Ese mismo año participó en una exposición colectiva titulada "Diez Pintores Panameños", en la Unión Panamericana de Washington (EE.UU.) y el diario "The Washington Post" lo identificó como el artista más completo por un óleo suyo en el que emplea vidrio molido coloreado. Un cuadro con este tipo de técnicas mixtas, titulado "Mato Grosso", obtuvo en 1955 el primer premio de pintura del Concurso Ricardo Miró.
Su trabajo, en el que siempre se destacó el uso de colores brillantes y luminosos, pasó sucesivamente del figurativismo a la abstracción, para regresar de nuevo a lo figurativo, al expresionismo y a lo semiabstracto.
De su generación sobreviven el pintor Guillermo Trujillo y el escultor Carlos Arboleda.