'Farmeo de aura', la contabilidad que obsesiona a los jóvenes
Se trata de una tendencia tan potente que ha dejado de pertenecer a los algoritmos.
La tendencia nacida en TikTok ha cobrado vida física. PEXELS
Piense en la última vez que corrió para alcanzar el autobús y tropezó a la vista de todos. En el lenguaje de hoy, esa pequeña torpeza le habría costado, como mínimo, mil puntos. Por el contrario, lograr atrapar un vaso en el aire un segundo antes de que se estrelle contra el suelo suma dos mil. ¿Y devolver el saludo a un desconocido por la calle para descubrir que, en realidad, le hacía señas a la persona que caminaba a su espalda?
Tradicionalmente, virtudes como el carisma, el encanto o la propia dignidad han sido cualidades intangibles, un misterio casi innato. Sin embargo, los más jóvenes han cambiado las reglas del juego. Para la generación Z y la generación Alfa, la gracia social ya no es un don indescifrable, sino una estricta contabilidad pública.
Bajo el concepto de "farmear aura" (o "aura points" en su popular versión en inglés), millones de adolescentes y jóvenes de todo el planeta han hecho suyo un sistema de puntuación invisible donde cualquier acción cotidiana suma o resta a su capital social.
Aunque a primera vista pueda parecer el enésimo chiste pasajero de internet, la realidad es que estamos ante un profundo fenómeno sociocultural. Se trata de convertir el día a día en un videojuego continuo, en una curiosa mezcla que une la obsesión actual por la imagen digital con una nueva forma de medir el comportamiento.
Una tendencia tan potente que ha dejado de pertenecer únicamente a los algoritmos para dar el salto al mundo real, inspirando incluso encuentros multitudinarios en las plazas de las grandes ciudades.
El empujón definitivo llegó desde el deporte de élite. Alrededor del año 2020, los seguidores y comentaristas deportivos de las redes anglosajonas empezaron a hablar del "aura" que rodeaba a las grandes estrellas.
En debates sobre la NBA o el fútbol internacional, la palabra se usaba para describir ese magnetismo único de los mejores atletas: una presencia tan indiscutible e imponente ante el público que conseguía que incluso sus errores pasaran desapercibidos.
El salto definitivo para convertirse en un fenómeno global tuvo lugar, como casi todo hoy en día, en TikTok. De forma espontánea, la comunidad de usuarios comenzó a hablar de los "aura points" (puntos de aura). Y, según datos de The Wall Street Journal, la etiqueta "#aurapoints" experimentó un crecimiento del 378 % solo entre mayo y junio de 2024.
De un día para otro, la red se llenó de miles de jóvenes que, a modo de diario o confesionario personal, compartían sus vivencias bajo una curiosa lente matemática. El objetivo era evaluar si sus acciones de la jornada los habían dejado con saldo positivo o, por el contrario, en números rojos sociales.
Las reglas de este peculiar juego no están escritas, sino que las dicta el tribunal popular en la sección de comentarios. Y el veredicto es claro: se castiga de forma implacable cualquier atisbo de desesperación o ridículo, al tiempo que se aplaude la elegancia natural y esa actitud relajada de quien parece estar de vuelta de todo.
Por ejemplo, perdonar a una pareja infiel se penaliza fulminantemente con una pérdida de cien o mil puntos. Por el contrario, disimular un tropiezo vergonzoso haciendo unas flexiones en el suelo o dar una respuesta brillante en el momento justo genera grandes dividendos.
Y así fue como la tendencia dio un paso más, pasando de ser un estado pasivo a uno totalmente activo: ya no basta con tener esa cualidad innata, la meta ahora es cultivarla. Y de ahí, el concepto de "farmear".
Tal y como detalla la enciclopedia Britannica, el "aura farming" se ha convertido en la búsqueda consciente de momentos, poses, silencios estratégicos o pequeñas proezas diseñadas para acumular reconocimiento y validar nuestra propia imagen bajo la siempre atenta mirada de los demás.
Así, ya sea compartiendo un pequeño tropiezo en un vídeo de diez segundos, debatiendo los puntos en un chat con amigos o demostrando un aplomo imperturbable en el centro de una plaza, el mensaje de esta nueva era es claro: en el tablero social del siglo XXI, nadie está dispuesto a quedarse con la cuenta en rojo.