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Grandes estilos, glamour y color
Marie-Dominique Follain - Publicado:
Para Yves Saint-Laurent, la elegancia es tan simple como un pulóver negro y una falda negra; para Alber Elbaz también, con una pizca de fantasía: el estilista israelí-norteamericano firmó en París su primera colección de pret-a-porter para la célebre marca.La herencia del estilo del gran modista es evidente, en el rigor del corte de los trajes sastre, en la elección de los colores, que van del negro al naranja pasando por el rojo fuego y el rosa brillante.Pero Alber Elbaz moderniza con inteligencia los clásicos de Saint-Laurent: bajo la chaqueta de hombros marcados, la falda lleva profundos cortes delante y detrás, la blusa de tafetán de amplias mangas infladas como globosse combina con un pantalón masculino.El púlover de cuello alto se cubre con un minichaquetón de zorro.En el guardarropa del próximo invierno, el chaquetón con capucha es de cuero carmín, los pantalones de tweed acompañan un bustier de plumas, y una armonía viva, verde prado, viene a enriquecer la paleta habitual del modista.Ocho smokings impecables, símbolos de la casa, rivalizan por la noche con los largos vestidos de raso azul noche y naranja.Para Pierre Bergé, presidente de la casa Saint Laurent, que apaludió de pie a su nuevo estilista, "el examen de ingreso" fue un éxito evidente.Para la casa Louis Vuitton, el norteamericano Marc Jacobs dio la prioridad a la ropa deportiva, una ropa deportiva impecable que recurre a materias nobles, cachemira y lujosas lanas.El poncho es una prenda clave para el invierno, de piel o tejido.Pero los neohippies de Marc Jacobs no recorren las calles de la ciudad con sus abrigos-kimonos rojos y sus pantalones de cuero finos como guantes.Sus mochilas y sus bolsos, marcados con la sigla LV, de cuero violeta, rojo o verde, necesitarían por lo menos la presencia de un guardaespaldas.Yohji Yamamoto, el gran maestro de la moda japonesa, quiere compartir su serenidad: su moda, de suma sobriedad, es una variación sobre el tema del trajesastre de chaqueta larga y fluida, que puede ser asimétrico, ajustado al talle, a veces cerrado con un alfiler gigante, y acompañado de una falda de leves pliegues o de un pantalón amplio.Todo ello en azul marino o negro y completado con una camisa blanca y botines.En cambio, sus grandes sombreros renacentistas, sus vestidos de noche de terciopelo con efectos de drapeado parecen salir directamente de una pintura del Quattrocento.Por su parte, el alemán John Ribbe imagina el pret-a-porter modulable.Es decir, sus vestidos están formados por franjas articuladas entre ellas, que pueden despegarse según los deseos de quien la viste: un vestido largo puede transformarse en vestido corto o en falda, una chaquetón en chaqueta, un abrigo en chaquetón.Su modelo de mujer, de fina sulueta, va cubierta de telas leves, de seda plateada y de organza, en las que el modista incrusta franjas de de cachemira o de mohair.