Panamá identifica refugios climáticos que podrían salvar a ranas en peligro de extinción
Científicos del Smithsonian identificaron zonas de Panamá donde las ranas podrían tener mayores posibilidades de sobrevivir al hongo quítrido.
Un sapo arlequín variable (Atelopus varius) criado en cautiverio. Foto: Roshan Patel
Una nueva investigación identificó en Panamá posibles refugios climáticos que podrían convertirse en sitios clave para la supervivencia de ranas amenazadas por una enfermedad fúngica que ha devastado poblaciones de anfibios en Centro y Sudamérica.
El estudio, realizado por científicos del Smithsonian’s National Zoo and Conservation Biology Institute (NZCBI) y el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), fue publicado este 30 de septiembre en la revista Journal for Nature Conservation.
La investigación se concentra en la enfermedad del quítrido, causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, conocido como Bd. El patógeno afecta la piel de los anfibios y ha sido asociado con el declive de numerosas especies de ranas neotropicales, entre ellas los sapos arlequín del género Atelopus.
Los científicos buscan utilizar estos refugios para mejorar las posibilidades de éxito de futuras reintroducciones de animales criados bajo cuidado humano. Se trata de lugares donde las condiciones ambientales podrían ser adecuadas para las ranas, pero menos favorables para que el hongo provoque infecciones de mayor intensidad.
Para identificarlos, los investigadores utilizaron modelos que toman en cuenta la presencia de la enfermedad y las condiciones ambientales, especialmente factores como la temperatura y la humedad, que influyen en la intensidad del quítrido.
El análisis encontró que la mayoría de las especies de sapos arlequín de Panamá persisten en sitios donde más del 80% de las estaciones presentan condiciones desfavorables para infecciones de intensidad media o alta. Una excepción fue el sapo arlequín variable (Atelopus varius), encontrado también en lugares favorables para la enfermedad, lo que coincide con evidencias de que podría haber desarrollado cierta resistencia al hongo.
“Al cartografiar refugios climáticos, por fin contamos con una herramienta que nos permite priorizar posibles sitios de liberación”, explicó Brian Gratwicke, biólogo de conservación del NZCBI y autor sénior del estudio.
Los mapas también podrían servir para localizar poblaciones silvestres de Atelopus que todavía sobrevivan en zonas donde se creía que habían desaparecido. Carrie Lewis, autora principal de la investigación, destacó que esos grupos podrían aportar diversidad genética para fortalecer las poblaciones mantenidas bajo cuidado humano y ayudar a reforzar las poblaciones silvestres.
El hallazgo adquiere especial relevancia para Panamá, donde científicos trabajan desde hace años en la conservación de especies gravemente afectadas por el quítrido. En febrero de 2026, el Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá liberó 100 ranas doradas en un ensayo de reintroducción; alrededor del 70% murió por quitridiomicosis durante las primeras 12 semanas.
Los investigadores advierten, sin embargo, que los refugios potenciales son actualmente limitados y que el cambio climático puede modificar estas condiciones. Algunas áreas que hoy son favorables para el hongo podrían convertirse en menos adecuadas para la enfermedad en los próximos años, aunque el calentamiento también podría perjudicar a las especies adaptadas a ambientes montañosos y frescos.
Roberto Ibáñez, científico del STRI y coautor del estudio, señaló que los investigadores ya comenzaron a evaluar posibles sitios mediante mapas de refugios climáticos y de idoneidad del hábitat para Atelopus. El objetivo será determinar cuáles pueden servir para futuras pruebas de liberación y poner a prueba experimentalmente esta estrategia de conservación.