Con memoria selectiva y soluciones de papel
Con memoria selectiva y soluciones de papel
El reciente artículo de la ex primera dama, Vivian Fernández de Torrijos, sobre el Proyecto de Ley N.° 617 abre una caja de Pandora que exige algo más que darle la razón por compromiso.
Si bien su diagnóstico sobre la neurodivergencia es acertado, su propuesta de unificar el IPHE con el Meduca plantea interrogantes que no pueden despacharse con retórica.
Escribo estas líneas no solo desde el análisis periodístico, sino como padre de familia de una joven neurodivergente. Sé lo que es tocar puertas que no se abren y navegar un sistema que parece diseñado para el "no se puede".
Por eso mismo, me permito cuestionar: ¿Es la fusión institucional la medicina que necesitamos, o solo estamos cambiando los muebles de lugar?
La idea de "integrar recursos" suena lógica en la teoría, pero en la práctica panameña, esto podría ser un salto al vacío.
El IPHE posee una mística y una especialización técnica que el Meduca, con su pesada carga burocrática y sus crisis de infraestructura, no ha logrado emular.
Unificar por unificar no garantiza eficiencia; corremos el riesgo de que la atención especializada se pierda en el océano de carencias del sistema regular.
Resulta inevitable mirar hacia atrás. La autora nos habla desde la experiencia de quien ha estado en foros internacionales, pero los panameños recordamos cuando estuvo en el centro del poder ejecutivo.
Durante el periodo en que su esposo fue presidente, con el Legislativo a su favor, tuvo la oportunidad de oro para transformar el sistema desde sus cimientos.
Si la unificación y la reestructuración del IPHE eran la "solución definitiva" que hoy plantea, ¿por qué no se ejecutó en aquel momento?
Es fácil señalar los "limbos burocráticos" desde una columna de opinión, pero es difícil explicar por qué, teniendo todas las herramientas del Estado en la mano, no se dio el paso que hoy se exige con tanta urgencia.
La consistencia histórica es fundamental cuando se propone una reforma de este calibre; la inclusión no debe ser una bandera que se ondea según la coyuntura política.
Basta de promesas decorativasComo padre, no busco leyes que "suenen bien". Necesito respuestas a preguntas incómodas:
¿Cómo se garantizará que los recursos del IPHE no terminen tapando huecos presupuestarios del Meduca?
¿Cuál es el plan real para que la tecnología asistiva llegue a las provincias, más allá de los discursos en la capital?
¿Cómo se fiscalizará a las escuelas que hoy rechazan niños impunemente?
La inclusión educativa es una deuda enorme. Pero para saldarla, necesitamos propuestas que resistan el análisis técnico y, sobre todo, actores que demuestren que su compromiso es de vida y no de ocasión.
Lo que está en juego son las oportunidades de nuestros hijos, y ellos no pueden esperar a que la política se ponga de acuerdo.