En pocas palabras
Ligia Margarita Justavino Córdoba /Profesora jubilada
Pasó la VII Cumbre de las Américas trayendo paz y alegría para Cuba y Estados Unidos. Festejamos este hecho porque dos pueblos hermanos estrechan sus manos reiteradamente señalando la buena voluntad y generosidad del corazón, decididos llegaron a acuerdos de paz y respeto para ambas naciones. Ahora esperamos que muy pronto, veamos a los altivos ingleses estrecharse las manos con los argentinos que llevan una llaga abierta en el corazón porque Las Malvinas aún están invadidas por estos sus usurpadores. Que muy pronto se produzca este acontecimiento para vestir de fiesta ese día en toda América.
Por otra parte, deseamos que la paz reine en Panamá y que esté con nuestros vecinos. Hace más de un año que este gobierno se ocupa, o pierde la mayor parte del tiempo, en sentenciar y encarcelar a muchos funcionarios del gobierno pasado, ayer amigos y hoy enemigos, como si los funcionarios de otros periodos hubiesen sido tan honrados. Y ningún gobierno los llamó a juicio.
El poder y la riqueza nunca han sido buenos consejeros del hombre, enredado en negocios. En todos los tiempos, los gobiernos se llenan de celos, envidias, rivalidades y malas aptitudes, que dejan ver las ambiciones que secretamente guardan en su corazón.
En la historia podemos enumerar muchos pueblos con estas reyertas y enredos, pongamos un ejemplo: El rey Saúl, rey de Israel en su rivalidades con el rey ungido, David, “su sucesor”. De estas disputas, el rey Saúl persiguió para darle muerte a David. Dios conociendo el corazón de Saúl quiso que David lo encontrara primero. También se conoció que David encontrara a Saúl dormido e indefenso y pudo darle muerte, pero respetó su vida por ser el ungido de Dios. Solo cortó la punta de su manto, y llevándola en su mano subió a lo alto del cerro y llamó a Saúl diciéndole: Me has perseguido para darme muerte, pero Dios quiso ponerte en mis manos y no te hice daño. Respóndeme: ¿Qué pecado ante Dios he cometido? He respetado la vida de su ungido rey Saúl... Cuando Saúl escuchó estas últimas palabras rompió en sollozos y preguntó: ¿eres tú David, hijo mío? Tú eres más justo que yo. Me has devuelto bien por mal, yo te buscaba para darte muerte y ahora tú me has perdonado la vida. Así quedó esta enemistad de reyes: perdonándose amigablemente.
Cuando el ser humano se ve rendido se humaniza, sea quien sea: rey, mandatario u obrero.
Dios nos manda a ser humildes conociendo nuestro destino final. También nos ha mandado a que en nuestros corazones permanezca especialmente este mandamiento: Ámense los unos a los otros como yo los he amado.
Analizamos la arrogancia de algunos funcionarios jurídicos revertidos de jueces que se creen limpios de conciencia para ocupar este cargo; comparemos como juzga Dios al hombre en este evangelio de San Juan, la mujer adúltera versículo 8 del 3-11. “Los maestros de la ley los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio la colocaron en medio y le dijeron: Maestro, esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto. En un caso como este la ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. ¿Tú que dices? Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como ellos insistían en preguntarle se enderezó y les dijo: ¡Aquel de ustedes que no tenga pecado le arroje la primera piedra! Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se quedó Jesús solo con la mujer que seguía de pie ante él. Entonces se enderezó y le dijo: “¡Mujer! ¿A dónde están? ¡Ninguno te ha condenado! -Ella contestó- Ninguno Señor, y Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelcas a pecar”.
Se dan cuenta, hermanos, la manera que juzga Dios y cómo juzgan los hombres. Dios mira el corazón y la conciencia y los hombres ciegos miran la apariencia, la condición social y la posición económica etc...
Aquí fallamos en todo sentido como seres humanos que seguimos errando hasta morir. Allí tenemos a nuestro presidente de la República, Juan Carlos Varela, y al expresidente Ricardo Martinelli, ambos ayer, muy amigos; y hoy, enemigos. Pero todas estas cosas con buena voluntad se pueden arreglar principalmente reconciliándose con ese amigo de ayer y abrazándose. A nuestro excelentísimo señor presidente le propongo conversar con la verdad en la mano, de todos es sabido la dificultad que tiene este gobierno por la falta de apoyo en la Asamblea. Necesitarían votos para hacer un gobierno armonizado y fuerte. Olvídense de pedir cuentas correctas a los exfuncionarios. Pídanles cuentas justas a todos los que usted nombra o acaba de nombrar, exíjales honestidad a las cuentas de ellos que puede manejar, no espere que otro gobierno los indaguen y sufran los malos funcionarios que escogió en su gobierno.
Lo que pasó ayer, pasó. Vire la página y empiece a escribir su propia historia. De un gobierno que sea intachable le sugiero no aspire a tanto, porque del ser humano no se puede esperar mucho. No desee que nuestro Señor Jesucristo baje y le diga a su oído: “Aquel que esté limpio de pecado que lance la primera piedra.