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Hasta luego, amigo
Eloy Grimaldos - Publicado:
Las cosas de la vida, sobre todo las buenas, no duran mucho y Poll no escapa a esa realidad.Juan Ramón Poll, el máximo benefactor de los necesitados que registra la historia panameña, ha sido llamado por el Señor a su reino después de un altruista protagonismo en este mundo en el que se caracterizó por su gran desprendimiento, contribuyendo con cuanta causa social se le requirió apoyo.Poll vino a Panamá a los 42 años de edad, aproximadamente, y tal como me relató en alguna ocasión, sólo lo acompañaron su gran deseo de trabajar, además de la experiencia que obtuvo en el desempeño del comercio en Cuba, donde también tenía su Machetazo.Me comentó que muchas puertas le fueron cerradas localmente.Nadie creía en él y gracias a otro emigrante, el Sr.George Bush, que le proporcionó ayuda económica, dio sus primeros pasos firmes que lo llevaron posteriormente a la cumbre en la actividad comercial.Era incansable en los negocios y a pesar de que tenía todo el dinero del mundo para permitirse un generoso retiro no lo hizo.Su trabajo era la razón de su existencia y continuamente lo vimos emprender nuevas y diversas empresas.A través de su mano derecha, el señor Elías Elías, contralor de sus empresas, nos mantuvimos al tanto del incansable espíritu emprendedor de Poll.Nosotros tuvimos la oportunidad de conocer a Juan Ramón Poll, quizás en una de las épocas más críticas de su vida en Panamá y ello aconteció durante el régimen de la dictadura cuando parte de las instalaciones del Machetazo en Calidonia se quemaron, lo que le ocasionó pérdidas por el orden de los 11 millones de dólares.Nunca se supo con precisión la causa del incendio, pero se especuló mucho y no pocos lo atribuyeron a la mano criminal de la dictadura, por su oposición al régimen tiránico.La verdad es que por la forma como se originó el siniestro y otras circunstancias que se dieron, definitivamente determinaron la injerencia de mano extraña en su origen.Poll nos contrató para que le tramitáramos todas las reclamaciones contra varias aseguradoras con las que había asegurado los bienes inmuebles y mercancía afectada.Recordamos, como si fuese hoy, el recorrido que los dos solos hicimos por todas las instalaciones, piso por piso, rincón por rincón, de lo poco que quedó después del siniestro.A pesar de su gran aflicción por lo ocurrido, jamás mostró desgano alguno y siempre demostró el mejor empeño en la ejecución de la obra que tenía por delante para restituir lo que manos criminales le trataron de arrebatar.Me manifestó: "Grimaldos, yo tengo que seguir trabajando y produciendo y no puedo distraer mi tiempo en los asuntos que exige el seguro.Quiero que tú te encargues de ello".Así fue y en muy breve plazo Poll obtuvo las correspondientes indemnizaciones de las aseguradoras que honraron las reclamaciones que les fueron formuladas.Esta situación nos permitió entablar una amistad personal con Poll y conocer algunos aspectos de su interesante personalidad.Era un hombre muy sencillo.Siempre condujo él mismo su auto y no le conocimos guardaespaldas alguno, a pesar de que en una ocasión se mencionó la existencia de un plan para secuestrarlo.No era ningún letrado ni un hombre culto, en el estricto sentido de la palabra, mas sin embargo, tenía una gran riqueza humana que se la dio natura, cual era su trato personal y humildad, lo que le granjeó la popularidad que muchos hombres públicos siempre le envidiaron.Saludaba con el mismo afecto al pobre y al rico y siempre daba lo mejor de sí mismo.Panamá ha perdido un gran filántropo y ojalá el presente o próximo gobierno, le rinda homenaje póstumo y le asigne a algún centro hospitalario su nombre.Hombres como Poll no abundan y Panamá tuvo la fortuna que nos escogiera como su segunda patria, después de su exilio de Cuba, cuando pudo dirigirse a Miami como lo hicieron muchos otros cubanos.Estamos seguros que su esposa Vilma y sus hijas Carmen, Vilma, Liliana y Janeth, así como el incansable Elías Elías, sabrán continuar engrandeciendo la obra de Poll.Gracias Poll y desde donde te encuentres intercede ante Dios por nosotros para que nuestros gobernantes sean contagiados, aunque sea un poco, de ese inconmensurable espíritu en beneficio de los necesitados del que siempre hiciste derroche.