La muerte como facultad humana
La muerte como facultad humana
Comúnmente, pensar en la muerte es pensar en la desaparición física, en algo que era y ahora ya no es. También puede entenderse como la pérdida de la vida; sin embargo, en este texto solo es posible contraponer la muerte y la vida desde determinados modelos conceptuales. Consideramos que estos elementos se encuentran en un plano transversal y que, además, no son universales: un ente que carece de vida no puede morir; simplemente se transforma desde la mirada del observador. Asimismo, existen entidades que poseen vida, pero no mueren, o al menos no son conscientes de ello, a diferencia de los seres humanos. Aquí radica el punto de inflexión: en nosotros, la vida está acompañada por el sentido de la existencia, por aquello que nos lleva a reflexionar sobre nuestra futura desaparición, sobre el hecho de que dejaremos de ser lo que somos. Es la conciencia de sí misma la que contiene los criterios fundamentales de la vida y de la muerte.
Esto es una facultad humana que se nutre de elementos dados y al mismo tiempo externos (la cultura y la herencia genética) para construir sus esquemas mentales y establecer los criterios que permiten entender el mundo y el fenómeno del ser y del no ser. Hasta aquí, la vida y la muerte se configuran como facultades humanas; sin embargo, lo que verdaderamente nos preocupa no es el uso de esas herramientas, sino la desaparición de la conciencia en sí misma como muerte definitiva.
Si la muerte es la finitud de aquello que nos otorga un sentido del "aquí y ahora", y la certeza de que lo que nos pertenece inevitablemente dejará de ser, la pregunta que resalta es: ¿qué es eso que me hace pensar que voy a morir? Por ahora, la inquietud central no recae sobre la conciencia en sí, sino sobre lo que representa el momento de la inconsciencia. La muerte, entonces, es un problema vinculado a la finitud de la conciencia. Por tanto, hablar de la "muerte del cuerpo" también puede resultar impreciso; lo ideal sería hablar de la transformación del cuerpo físico en una nueva organización atómica. El cuerpo físico, compuesto por átomos y enlaces químicos, se reinventa en un ciclo constante: la organización atómica que le otorga forma humana cambia, pero se integra a ese gran todo. Los elementos materiales que conformaban dicho cuerpo están sujetos a leyes físicas que, así como permiten la estructuración de los átomos para formar una entidad, también los descomponen y los reincorporan al flujo universal.