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Las NNGG

Lo curioso del asunto es que estas nuevas revueltas y pugnas sociales nazcan en el Nuevo Continente. Se sembró la semilla del caos y se ha estado regando con el odio de unos pocos pelafustanes megalómanos.

Alonso Correa - Publicado:

Los amantes de la anarquía desean arrebatarle poder al gobierno, a la policía y a cualquier autoridad. Foto: EFE.

Las nuevas generaciones están sedientas de justicia. La justicia que decidieron unos pocos charlatanes y que ha calado de manera extrema en la sociedad. La juventud mundial se ha creído el cuento de ser los únicos capaces de salvar y preservar la paz mundial. Son ellos los únicos caballeros capaces de luchar contra la dictadura del  “patriarcado-falohegemónicoclasistaopresorsexistamachistaxenófoboracista”. Serán ellos los valientes que lucharán contra el monstruo que oprime a la sociedad actual. Ellos, sus piedras, palos y cócteles molotov. Los valerosos guerreros humanistas que destruirán el poder legislativo, judicial y ejecutivo del país al que le toque soportar las hordas de lobotomizados.

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Colombia, Chile, Panamá, Ecuador, Perú y ahora Guatemala se han convertido en el nuevo hervidero social de reivindicación política. El foro de San Pablo fue el preámbulo de lo que sucedería en el continente y ahora estamos viendo los frutos podridos de esta reunión. Convirtieron una generación de jóvenes confundidos en fieles servidores de la izquierda. Ahora son adultos que no saben escuchar opiniones adversas, desconocen la opinión ajena, el debate ameno, juzgan a las personas por su ideología política y no por su calidad moral. Ese es el producto del lavado cerebral en la infancia.

Guatemala, un país centroamericano que aún no ha logrado superar su pasado y encima está viendo como su débil castillo de arena se está empezando a derrumbar. Los amantes de la anarquía desean arrebatarle poder al gobierno, a la policía y a cualquier autoridad. Son estos ácratas los que, sin saberlo, les regalan el control a los criminales. Les otorgan en bandeja de plata a los cárteles, a las maras y a las mafias, el dominio sobre los medios de comunicación, la seguridad social, las ciudades, los trabajos y la economía.

Porque eso es lo que sucede cuando el dique de contención del gobierno se rompe. Los más poderosos toman el control del país. Algo como lo que ha sucedido en México, los cárteles son dueños de varias ciudades. Es el crimen organizado el que pone y quita alcaldes, decide quién transita en la calle y cómo se debe vivir en sus urbes. Esta es la trágica conclusión de la anarquía social.

Todo esto parece calcado de una frase de Robert Ervin Howard, "Algún día cuando toda civilización y ciencia hayan sido igualmente arrasadas, rezaréis por un hombre con una espada". Pero aquí los responsables de arrasar con la civilización y la ciencia no serán invasores de tierras lejanas, ni un ejército de un desierto apartado; serán los mismos “defensores” de estos valores los que engendrarán la caída de lo que conocemos y el hombre con espada no será un caballero de brillante armadura, ni un estratega maestro; será alguien libre, alejado de toda la paranoia que se está gestando en el mundo. Una mente apartada de la colmena.

Lo curioso del asunto es que estas nuevas revueltas y pugnas sociales nazcan en el Nuevo Continente. Una tierra acostumbrada a replicar riñas externas está siendo ahora la pionera en las manifestaciones, destituciones y linchamientos. América se ha convertido en el laboratorio de experimentación de pensamientos, políticas y embusteros. El patio de juego de los que solo desean acabar con lo establecido. Se sembró la semilla del caos y se ha estado regando con el odio de unos pocos pelafustanes megalómanos para que germine en una ocasión como esta, en medio de una pandemia mundial. Cuando los gobiernos de todo el globo se ven sorprendidos por una enfermedad extraña, justo cuando su órbita de poder se reduce al mínimo y la aprobación pública se encoje. Es este el momento idóneo para que las nuevas generaciones tomen cartas en el asunto y lleven adelante sus planes de destrucción social.

Estudiante panameño en España.

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