Christiansen se queda; la duda también
Al final, conviene dejar algo muy claro: el proceso de Christiansen tiene méritos, pero si decidía marcharse, el fútbol en Panamá no se iba a acabar.
Christiansen se queda; la duda también
La renovación de Thomas Christiansen al frente de la selección panameña deja más dudas sobre la madurez de nuestros federativos que certezas sobre el futuro del banquillo.
Es justo reconocer los aciertos de su ciclo: el hispano-danés trajo una idea de juego moderna, posesión, profesionalización y un estilo vistoso que devolvió la ilusión. Sin embargo, su proceso arrastra baches profundos: la eliminación rumbo a Catar 2022, las finales perdidas, la falta de variantes en momentos clave y planteamientos rígidos ante rivales de peso. A esto se suma el desacierto de convocar a jugadores lesionados o, a otros a modo de "homenaje", restando competitividad.
Lo verdaderamente incomprensible —y que roza la falta de seriedad institucional— es la supuesta insólita cláusula de su nuevo contrato. ¿Cómo se explica que el acuerdo contemple mecanismos para que el nuevo Comité Ejecutivo, que se elegirá en diciembre, decida si mantiene o no el proyecto? Firmar a largo plazo sujeto al vaivén político de unas elecciones de fin de año no es planificar; es quitarse la presión inmediata y trasladar “la papa caliente” al que viene.
La improvisación de la Fderación Panameña de Futbol (FPF) quedó retratada en apenas cinco días. Pasamos de escuchar en conferencia que evaluarían con lupa diversas hojas de vida de candidatos, a ver el anuncio oficial de la renovación solo cinco días después. ¿En serio se analizó una carpeta de diversos aspirantes en menos de una semana, o todo fue una pantalla para calmar las aguas?
Por otro lado, aquellas tan pregonadas y "múltiples" ofertas internacionales que supuestamente llovían sobre el DT se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. Al final, conviene dejar algo muy claro: el proceso de Christiansen tiene méritos, pero si decidía marcharse, el fútbol en Panamá no se iba a acabar. Nadie es indispensable, y menos cuando la estructura sigue careciendo de un norte serio.