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Un granito de arroz
Ernesto Endara - Publicado:
Con el dolor de rodilla atenuado por el buen humor que se impone en esta fresca mañana y, claro está, por la glucosamina y el ungüento de caballo; con otra atenuación importante: el mal chiste de la tortícolis que nunca me hace reír, extrañado de mi cuello; respirando profunda y alegremente por las dos fosas nasales (sin recurrir a la solución salina); contemplando el cerro Bandera en cada vuelta de mi caminata por el balconcito de mi estudio, tan verde y mudo, arropado a medias por la niebla.Ajusto mis pasos a la lentitud del leopardo (que es preferible a decir a la “lentitud de viejo”), al tiempo que enderezo las antenas de mis orejas con el fin de escuchar, para mi suerte muy cercanos, el canto de varios modelos de pájaros, tal vez enamorados; también, por suerte, a lo lejos, el monótono zumbar de una podadora.Cogito ergo sum.Descartes y San Agustín lo sintieron antes.Cuando pienso soy y, a decir verdad, no solamente existo, me reinvento, me encuentro, me sorprendo en la palpitación del corazón.Estoy vivo en mi pensamiento.¿Cómo no estar contento de vivir con toda esta libertad que me da el pensamiento en cada nuevo amanecer del mundo?Y ahora les cuento que en este beatífico y reconfortante estado, vuelvo a excogitar la vida íntima de un grano de arroz que desde ayer da vueltas en la calesita de mi cerebro.Almorzaba con toda calma (recién aprendo que así gozo más la comida y, sin apuros, también gozo más la vida), cuando me fijé en ese humilde pero sabroso grano de arroz, cocinado con guandú y leche de coco.Pues bien, me quedé mirando esta último granito de arroz que esquivó al tenedor.Largo y fino, lucía una corbatita de coco.¿De dónde vino él? ¿Dónde fue sembrado, de qué semilla, qué mano lo lanzó al fértil suelo, cuánta agua absorbió, cuánto sol, en qué fecha lo cosecharon, quién lo piló y lo empaquetó hasta que lo compré y Mili lo cocinó? Lo pensé y existió.En lugar de viajar a mi estómago y formar parte de mí, el arroz fue lanzado al sumidero y de allí al lento proceso de descomposición, a redituarse, sin pérdida ni ganancia en el proceso de un universo con el cual, más tarde, yo también me fundiré.Mientras escribo esto, no dejo de pensar en mi hermana Gloribeth…