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Cuba y Estados Unidos, entre amor y odio
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Cuando uno observa la tirantez de las relaciones (o ausencia de ellas) de Estados Unidos con ciertas naciones, cercanas al odio, como en el caso de Irán, Korea del Norte, el Irak de Husseim y la Palestina de Arafat, uno puede explicarse lo cercano que están a irse a las manos.Característica común es que el odio es radical y visceral, sin asomo a una pizca de amor.Ese no es el caso de Cuba.El pueblo norteamericano ama a esa isla.A fin de cuentas, fue una invasión norteamericana la que la liberó del yugo colonial español; y desde allí parte el amor y también el odio.Es la adorada Cuba de Hemingway y de tantos otros de sus conciudadanos que por más de un siglo se cautivaron con su encanto.Es Barry Manilow con su canción "Copacabana", que habla del idilio imposible del turista estadounidense con una linda cabaretera cubana en el bar club del mismo nombre.Son sus playas y palmeras, su música, su sol y sus merlines, son los casinos de tiempos de Batista, son sus mulatas, sus jugadores de pelota espectaculares y, sobre todo, sus inigualables y prohibidos habanos.Sí, hay odio.El cubano aborrece no haber sellado con sus propias armas su independencia, habiendo estado tan cerca, por culpa de los norteamericanos que se robaron la gesta.Por eso muestran confusión sobre su día nacional; y terminan diciendo que es el 26 de julio, el 1 de enero de 1959, otros, los días del asalto al Cuartel Moncada por Fidel Castro o el de su triunfal arribo a La Habana y huída del dictador Batista.Castro mismo, y sus rebeldes, fueron ayudados por Estados Unidos en su desigual guerra de nueve años con el ejército.Celebridades de la época como el actor Errol Flyn, estuvieron al lado de Castro en el campo de batalla.Pero fue el célebre periodista de la revista "Life", H.Matheew, quien con una entrevista que hizo a Castro en la Sierra Maestra, ganó la simpatía del pueblo norteamericano por la causa de la revolución, allanando el camino para que su gobierno retirara su apoyo al dictador, igual que hizo con el último de los dictadores: Somoza de Nicaragua en los 70.La gorra de tambor bajo el nombre como marca del propio Castro se puso de moda en Estados Unidos.Cierto, el dictador cubano expropió sus propiedades, cerró sus casinos, estatizó sus cabaret y se hizo comunista, generando odio.Pero el amor convive con ese sentimiento con igual o mayor fuerza.Por eso, no habrá invasión, a despecho de los exiliados.No la hubo siquiera cuando aviones de combate isleños derribaron a una desafiante flotilla de avionetas civiles desarmadas de "Hermanos al Rescate".Además, no la puede haber porque la isla es un buen negocio para los productores estadounidenses que están vendiendo alimentos a Cuba, y lo es también para sus laboratorios, que acaban de firmar un convenio de fabricación de medicinas anti cáncer cubanas en, Estados Unidos.En el país ya existe el crimen organizado y no se erradicará o, en su defecto, se reducirá con acciones propagandísticas, como la operación "mano dura", que si bien gana muchos aplausos, no ataca el fondo del problema.A las condiciones a que ha llegado la delincuencia, en Panamá el incremento de la capacidad represiva de los aparatos de seguridad pública es urgente en el corto plazo.Las políticas públicas que atacarían los problemas sociales que lo engendran toman más tiempo.El Estado deberá destinar recursos para ejecutar una política criminal para enfrentar este problema.(mramos45@hotmail.com)Sin embargo, la superación de la pobreza será viable en la medida en que se logre eliminar -o reducir significativamente- sus causas.Esto es, en la medida en que se incremente la generación de excedentes económicos, se logre su distribución equitativa, y se superen las restricciones existentes en la oferta y la demanda de medios de satisfacción de las necesidades básicas e la población.