Riesgos del uso excesivo de las TICs
Riesgos del uso excesivo de las TICs
Con relativa frecuencia se observa cómo algunas personas colocan constantemente en sus estados de WhatsApp o en redes sociales (Facebook, Instagram, X, etc.), cada cosa que hacen dentro de lo cotidiano: un paseo por la playa, una comida en un restaurante, la compra de algo que querían, una graduación, un aniversario, la boda de un amigo o familiar, el quinceaños de la hija, etc. El asunto es que, muchas veces no es suficiente con compartir novedades, también están pendientes de los "likes".
Si bien es completamente normal el deseo de comunicar a los demás aquellos momentos de felicidad, no necesariamente todas las personas se alegran de manera sincera de los éxitos o logros de uno; sumado a que, se debe tener cuidado con la información personal que se comparte en la web. Se sabe que, quienes tienen la urgencia constante de compartir todo lo que los ocupa, lo hacen por inseguridad, el deseo de validación externa o simplemente para llamar la atención de manera equivocada.
Otra tendencia que ha surgido con mayor preocupación es el uso de avatares (versiones animadas de la persona), o retocarse con inteligencia artificial para proyectar una imagen "perfecta" de sí mismos. Esto pareciera ser inofensivo a simple vista, pero puede ocultar complejos de inferioridad o una distorsión (dismorfia) de la autopercepción real, porque no vivimos en un mundo de caricaturas y justamente parte de nuestra humanidad son nuestros detalles e imperfecciones.
Antes se nos inculcaba aprender a aceptarnos a nosotros mismos como somos y aceptar a los demás. Si algo no nos gusta, podemos hacer el esfuerzo de cambiarlo o mejorarlo, pero lo recomendable es hacerlo de manera natural y porque sea algo que verdaderamente amerita ser corregido. En casos más extremos, un procedimiento quirúrgico puede ser justificado si la salud e integridad de la persona está comprometida y no hay otra opción.
Otra situación cada vez más frecuente es el surgimiento de "influencers", quienes suben contenidos en diversas plataformas, a veces no aptos para todo público. Estos terminan en manos de niños y jóvenes que, muchas veces no cuentan ni con la madurez ni con la preparación para poder comprender y asimilar correctamente los mismos. En la generación Z (nativos digitales) y posteriores, es casi un hecho que los bebés nacen con una tablet o smartphone bajo el brazo, siendo sobre estimulados.
La sobreexposición a pantallas puede provocar daño físico en el sentido de la vista, además de comportamientos ansiosos, frustración, compulsiones, adicción a la tecnología, entre otras tecnopatías. Dado que vivimos en una era cada vez más exigente laboralmente hablando, en la que los profesionales deben conocer y dominar las innovaciones tecnológicas para un mejor desempeño, estas han interferido considerablemente en la dinámica normal de los hogares.
Antes, cuando se terminaba la jornada laboral, las personas se "desconectaban" y atendían asuntos de hogar, como preparar la cena, ayudar a los niños con las tareas o planificar actividades recreativas para el fin de semana. Ahora, las tecnologías de información y comunicación (TICs), han acercado a los que están lejos, pero han provocado aislamiento social con los que están cerca. Esta situación ha venido afectando y debilitando el núcleo familiar, así como la salud física y mental de las personas.
Lo aconsejable ante esta situación es, analizar a consciencia el uso que le estamos dando a las TICs, cultivar nuestro desarrollo humano y compartir más tiempo de calidad con quienes realmente son importantes para nosotros y son el pilar fundamental de toda sociedad: la familia. ¡Éxitos para todos!