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Semana Santa: ¿Un ensayo más?
Silvio Guerra Morales - Publicado:
PADRE, Dios Todopoderoso, te pido, en el nombre de Jesús, que me ilumines para escribir este artículo.Durante algunos días he estado pensando que por este viernes no debo escribir nada referido a la materia jurídica y las reformas penales y procesales que se debaten en el país.Durante varias semanas he venido, en compañía del Dr.Wilfredo Sáenz escribiendo sobre el proceso punitivo, las propuestas de reformas, del sistema inquisitivo, el sistema acusatorio, las falencias y debilidades del actual sistema de juzgamiento penal, etc.Sin embargo, pienso que estamos en la Semana Santa y que alguna ofrenda debo presentar ante tu Santo Altar.Se me ha ocurrido escribir sobre ti.De lo bueno que has sido conmigo, con mi familia, los amigos, los enemigos, los que me critican y los que me alientan.En realidad creo ser inmerecedor de tanta bondad.Tengo tanto, pero tanto que agradecerte que la vida entera no me alcanzaría para culminar las infinitas gracias.En realidad, confieso que he sobrevivido por tu misericordia y bondad.En algunos círculos forenses hemos estado hablando de ti.Algunos colegas me han advertido que "Qué es eso de los nuevos evangelios" o de las "confesiones del llamado Evangelio de Judas", o que si es cierto o no que Jesús es nigeriano.Otros han hablado excelencias de un libro llamado "El Código Da Vinci" o que Jesús "no fue el único Mesías".Creo que, en realidad, estamos viviendo los tiempos de la apostasía, de la negación y renegación de la fe por parte de no pocos cristianos.Tú dijiste que los últimos serían los primeros y que ¡Ay de aquél que te negare ante los hombres porque así mismo tú le negarías delante de Dios Padre! Sin embargo, estoy convencido de que el fundamento de nuestra fe es uno: Cristo Resucitado, que tú no estás muerto, que todos los que dijeron ser "mesías" fallecieron, murieron y allí están sus restos.Más tú, Divino Señor, ascendiste a los cielos, ante una nube de testigos idóneos, no afectados por la subjetividad o por la fe del fanático.Fueron los mismos testigos que como Tomás, quien tuvo que introducir sus dedos en las heridas de tus manos para poder creer, así mismo vieron, palparon, oyeron, sintieron tu santa presencia, tu luz celestial.A mí, ¡Oh Dios!, no me afecta la blasfemia del inconverso o el anatema del que se declara remilgante ateo, no, pues vivo y me repito, de modo insistente, cuál es el fundamento de la fe del creyente cristiano: ¡Cristo Resucitado! Puedo decir: Dónde está, ¡Oh muerte tu aguijón! ¿Dónde sepulcro tu estigma? ¡Cristo está vivo, no ha muerto, ha resucitado! Como dijeron lo santos ángeles del Señor: "¡No busques entre los muertos al que vive!".Hay gente que, en la actualidad, sigue buscando a Cristo, pero en el lugar equivocado y en las circunstancias y condiciones equivocadas: en el sepulcro, en la tierra, enterrado, osamenta vieja, fósil, osamenta roída por el tiempo.En fin, van de un lugar a otro y elaboran teorías y tesis: que si marchó o caminó hacia determinadas latitudes; que si estuvo o no en cierto lugar con ciertas personas; que su origen era tal o cual; que no es cierto que su vida culminó en la cruz, sino que después se bajó de ella y se fue a otro lugar terreno e hizo otra vida, etc.Nada de eso me perturba ni me afecta, como tampoco al creyente que tiene bien claro el fundamento de su fe: ¡Cristo no está muerto, ha resucitado!Sin embargo, pienso en las almas y espíritus débiles.En esos a quienes Pablo llama "débiles en la fe".En esos millares de personas a quienes el viento lleva de un lado para otro y que se tragan, cuales sapos, a cuanto mosquito se encuentran en el medio.Se perturban, se emocionan y pierden el norte de todo creyente: Que nuestra meta es gloriosa y llena de promesas bellas, que no moriremos sino que viviremos cuando muramos, porque nos iremos con Cristo.Yo sé que hay un cielo y una gloria celestial, tengo eso firmemente sembrado en mi mente, en mi alma y en mi espíritu.Por ello, a cada segundo, me reprendo y me arrepiento de todo lo malo, de las malas ideas, de los malos proyectos, de los malos pasos.Quiero agradarte Señor, hacer las cosas bien.Ayúdame y ayúdanos, por favor, Señor Jesús.Que en esta Semana Santa y por siempre podamos dejar a un lado las necias diatribas, discusiones infecundas, tratos inhumanos e hirientes, las palabras toscas, los verbos destructores, la oración que mancilla y la sentencia que siembra caos y destrucción.No quiero para este viernes, Señor, que se publique un artículo más de Derecho Procesal Punitivo.Hablé con Sáenz y le dije que teníamos que honrarte este viernes.El estuvo de acuerdo.Creo, finalmente, Señor Bueno, que quien lea este artículo alguna bendición habrá de recibir.Yo he tratado de salir en la defensa de tu Palabra, de tus promesas, de tu Santidad, aunque tú, Señor, no necesitas abogados defensores pues tú eres el Señor de todas las causas nobles.Señor Jesús: te ruego que en esta Semana Mayor, la más importante del año, tú resucites en nuestras vidas, que renazcas en el corazón de cada panameño.Ayúdanos a hacer un Panamá mejor, un mundo mejor.Simplemente, Señor, no quería escribir otro artículo más en Semana Santa.stekrakri@hotmail.com