Sistemas agropecuario y de salud son ineficientes
Ricardo ve con ansias el día de su graduación como ingeniero agrónomo, pensando que con esto podrá lograr todos sus sueños; sin embargo, a meses de lograr su meta y subiendo y bajando sacos en una empresa privada que no respeta ni su escalafón ni su preparación; ve con amargura pasar los días. A muchos kilómetros de allí, Esteban mira con preocupación cómo sus cerdos mueren, uno a uno, acudió a la región del Ministerio de Desarrollo Agropecuario más cercana y un médico fue de inmediato y le dijo que volvería al día siguiente; sin embargo, esa ayuda no volvió, dado que al día siguiente el médico que iba a su finca fue despedido por el cambio de gobierno. En su lugar está un jovencito sin mucha preparación, pero con padrinos poderosos en el partido gobernante, mientras esto pasa, don Esteban perdió todos sus cerdos dejando la producción y la fuente de trabajo de más de cinco personas.
En otro lado del país, Eligio ve con preocupación cómo una llaga en su cara se agranda, es leishmaniosis solo le queda ponerse las inyecciones y esperar que no le regrese y no afecte a sus hijos, sin embargo, el llanto del bebé que no habla, le está diciendo que un nuevo brote afecta a la familia.
Doña Ana sintió primero un pequeño ahogo una mañana, luego este ahogo se fue haciendo peor. Fue al centro de salud donde no había médicos; debido a que no había ambulancia fue en un taxi al hospital donde esperó toda la noche. Fue atendida al día siguiente cuando le ocurrió un nuevo ahogo, pero este fue especial, fue el último, al final le diagnosticaron Hantavirus.
El sector agropecuario y el sector de salud, al parecer molestosos para la clase adinerada de este país, son los más importantes dado que las revoluciones ocurren allí, cuando el pueblo cansado pide salud y comida y no la encuentra. Quizás muchos piensen que esto no les ocurrirá o son enfermedades de montaña, pero saben algo, cada día por la falta de asistencia en el campo, muchos jóvenes y personas adultas van a la ciudad en busca de un “mejor futuro”, trayendo consigo parásitos y enfermedades que ellos no tienen la culpa de padecerlas, pero que por el ineficiente programa de salud no pueden o no desean -por la negligencia- atenderlas en sus regiones debido a que no hay la voluntad, ni de los médicos ni del gobierno.
El sector agropecuario y el sector de salud, al parecer molestosos para la clase adinerada de este país, son los más importantes dado que las revoluciones ocurren allí, cuando el pueblo cansado pide salud y comida y no la encuentra.
Igual pasa con el Hanta, la falta de comercialización impide que los granos sean sacados de los campos donde están y lo que cría ratones, principal portador del Hanta y transmisor a los humanos. Es cuestión de tiempo para que el Hanta llegue a la ciudad capital donde su transmisión será automática, convirtiéndose en una enfermedad endémica por la falta de recolección eficiente de los desechos y, lo más probable, causando muchas más víctimas por año que en el interior.
La falta de voluntad de un gobierno sin planes es un hecho muy peligroso dado que descuidar la salud y la soberanía alimentaria traerá como consecuencia un pueblo descontento y para ellos una derrota casi profética en las próximas elecciones. Cada día menos hectáreas se producen, a pesar de haber supuestamente muchos planes de acción que se congelan en el tiempo sin ponerse en camino, con muchos elementos como la cadena de frío, hoy casi clausurada, profesionales del sector dedicándose a otras tareas, y las tierras compradas por extranjeros y personas del malvivir que lavan su dinero mal habido.
La salud y la seguridad alimentaria son, primero, la falta de comida y de salud ha echado abajo gobiernos e imperios, es hora de hacer algo de no hacer planes en papel, sino acción, tal y como lo dice Og Mandino en su libro el “Vendedor más grande del mundo”. Ningún mapa lleva a nadie a su destino, sin acción no podremos lograr nada y ese es el futuro que muchos al parecer desean en Panamá.