Panamá pasó de exportar arroz a bajar 60% su área sembrada
Panamá ve cada vez más lejos aquellos años dorados en los que era autosuficiente en la producción de arroz, debido al desmoronamiento de la...
Panamá pasó de exportar arroz a bajar 60% su área sembrada
Panamá ve cada vez más lejos aquellos años dorados en los que era autosuficiente en la producción de arroz, debido al desmoronamiento de la siembra de este grano, que ha disminuido en 60% desde la década de 1990 hasta la actualidad.
La baja rentabilidad ha hecho desistir del negocio del cultivo de arroz a muchos productores, sobre todo a los más pequeños, informó el presidente de la Federación de Arroceros de Panamá y de la Asociación de Arroceros de Chiriquí, Gabriel Araúz.
Por ejemplo, hace unos 12 años, en Chiriquí, había unos 1,600 productores de arroz, mientras que hoy quedan 280 arroceros.
Sin embargo, el consumo de arroz sigue creciendo con una demanda actual de cerca de 21 mil quintales al día, es decir, unos de 630 mil quintales al mes.
Esta situación es tan grave que el país se enfrenta al fantasma del desabastecimiento del grano más importante para el panameño.
Pese a que el ministro de Desarrollo Agropecuario, Jorge Arango, descarta un desabastecimiento en el futuro, los arroceros explican, con cifras en mano, que el fantasma de la escasez siempre estará presente si no se potencia el sector y se deja como única solución las importaciones.
El panorama planteado por los arroceros indica que cada vez que se acerque la cosecha de arroz, el producto escaseará, ya que las siembras no son suficientes y la cosecha anterior no alcanzará para cubrir el tiempo de espera de la próxima.
Según el productor, para finales de este año, la siembra de arroz, “con suerte”, llegará a las 40 mil hectáreas. Esta situación, advierten, demuestra que el Gobierno prefiere no potenciar el agro para tener razones para seguir importando.
Esto ha tenido un impacto profundo en la disposición y capacidad de los productores porque la baja rentabilidad del sector ha ocasionado la deserción de muchos de ellos y la disminución en las siembras del grano.
Según Araúz, el costo de producción para un agricultor pequeño, que opera a base de créditos comerciales y de molinos, supera los $2,300 por hectárea, mientras que a los grandes productores les cuesta entre $1,800 y $2,000.
Explicó que al adquirir los insumos, los grandes productores consiguen mejores precios por volumen y facilidades a la hora de vender su cosecha a los molinos, que prefieren comprar en cantidades grandes.
“Con un costo de producción promedio de $2,200 y una cosecha promedio de 100 quintales por hectárea que se venden a $24.50 cada uno, da un ingreso de $2,450 por hectárea y una utilidad de solo $250 por hectárea, pero si se le resta el flete y los desechos por impurezas y humedad, al productor le queda prácticamente nada”, explicó Araúz.
Inclusive, el ministro Arango ha aceptado que la baja rentabilidad espanta a los productores en algunas oportunidades. Confirmó ayer que algunos agricultores están migrando a otras áreas de producción, como la palma aceitera, en busca de mejor rentabilidad; sin embargo, espera que grandes productores vean un negocio en el agro y se animen a invertir.
Otro fuerte enemigo de la producción ha sido el mismo Estado panameño con las deudas que mantenía con el sector. Hasta hace poco, el Estado sostuvo una deuda con los arroceros que llegó a los $20 millones y que estuvo al borde de provocar una huelga de productores.
La demora del Estado en saldar su morosidad acarrea problemas en cadena que afectan el financiamiento de la producción de nuevos ciclos de siembra.
El argumento de Araúz de que el Estado prefiere beneficiar la importación a costilla de la destrucción del agro local fue reforzado con la autorización del ministro Arango para la importación de 1 millón 300 mil quintales de arroz para compensar la espera de las primeras siembras del grano nacional que se empiezan a cosechar este mes.
Esta importación se registró luego de que los productores y consumidores denunciaran una escasez nacional. La situación motivó al Gobierno a incumplir su promesa de no importar durante la época de cosecha en Panamá.
Araúz aseguró que el arroz que empezaba a escasear es el de primera, que está regulado a 40 centavos la libra, debido al control de precios impuesto por el Gobierno para evitar el alza de la canasta básica.
Explicó que un censo de existencia de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia arrojó que hasta el 17 de julio pasado, el haber de arroz era de 891 mil quintales, lo que alcanzaría para 42 días, es decir, hasta el 29 de agosto.
Sin embargo, la nueva cosecha se inició el día 10 de agosto y esta necesita de unos 15 días para entrar en el mercado.
No obstante, los productores aseguran que la próxima cosecha tampoco será suficiente para cubrir la demanda del país, ya que se estima que rinda para solo 64 días.
Esto, calculando que se produzcan 100 quintales en cada una de las 17 mil hectáreas sembradas, lo que dejaría 1.7 millones de quintales, que al restarles el 20% de cáscara, resultan solo 1 millón 360 mil quintales.
El panorama actual del arroz es muy diferente al que imperaba en la década de 1980, cuando Panamá no solo era autosuficiente, sino que lograba exportar arroz a Sur y Centroamérica. El grano panameño en esa época era de los mejores del área, pero la falta de nuevas semillas ha desmejorado su calidad.