Disponibilidad constante, una forma silenciosa de desgaste
El derecho a la desconexión existe, pero la cultura de estar siempre disponible sigue afectando a las personas antes incluso de responder un mensaje.
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La tecnología ha desdibujado los límites entre el trabajo y la vida personal, lo que ha contribuido a una forma silenciosa de desgaste, la cultura de la disponibilidad constante.
Un correo fuera del horario laboral no debería ser un problema, pero para algunos sí lo es, no por su contenido, sino por lo que implica: hay que responder porque de no hacerlo se podría interpretar como una falta de compromiso.
La cultura de disponibilidad constante, que es cuando se extiende la jornada más allá del horario formal, no solo tiene afectaciones organizacionales, sino también en la salud: trabajar 55 horas o más a la semana aumenta en un 35% el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular y en un 17% el riesgo de enfermedades cardíacas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Estas cifras también se suelen asociar a largas jornadas formales, lo que refleja una realidad más amplia: la dificultad de desconectar.
María Méndez, presidenta y fundadora de Vacation is a Human Right (VIAHR), explicó que hay diversos estudios que han demostrado que la dificultad de desconectar reduce la capacidad de recuperación mental, lo cual aumenta el riesgo de agotamiento emocional o burnout.
Méndez advirtió que no es necesario responder un mensaje para que se genere un impacto en la salud de las personas, basta solo con anticiparlo. A este fenómeno se le conoce como "estrés anticipatorio", tensión que surge al saber que hay algo pendiente.
En Francia, España y Colombia se reconoce el derecho a la desconexión digital, no obstante, la existencia de una norma no garantiza un cambio real si la cultura organizacional no acompaña.
Desde VIAHR, una fundación comprometida con el bienestar del individuo, insisten en una idea fundamental: "el descanso no comienza cuando termina la jornada, sino cuando la mente deja de estar disponible para el trabajo. Y eso no depende únicamente de decisiones individuales, sino del diseño mismo de cómo trabajamos".
"(...) Hablar de desconexión no es promover menor compromiso, sino condiciones más sostenibles. No estamos más agotados solo por trabajar más horas, sino porque nunca dejamos de trabajar del todo", finalizó Méndez.