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Para qué sirve no leer
Héctor Collado - Publicado:
Hace unas cuantas lunas, dejé una pregunta abierta relacionada con la lectura y el fracaso escolaren Panamá.Algunos amigos de manera cordial me invitaron a responder; otros no tan amigablemente me enviaron sus “cariños”, pero con otros modales.Entendí que se sintieran incómodos por las buenas intenciones de aquella nota que desde mi ventana, como sábana de retazos, sacudí a los cuatro vientos.Vaya, estamos hablando de los docentes, de las escuelas, del Ministerio de Educación, de la familia… Por eso he tomado de buen talante los anónimos que me llegaron, para los que no usaré adjetivo ni sinónimo descalificadores.Las opiniones, aunque no se compartan, deben respetarse.Eso me enseñaron mis maestros.¿Tu verdad? No.La verdad, la tuya guárdatela… Machado(?)En fin, echo mano de mi papelería desordenada y mi mala memoria para responder a todos, pues de hecho se trata de todos.No leer sirve para no tener recuerdos, y quien no tiene memorias se convierte en recipiente sin contenido, sólo lleno de vacío, como una botella lanzada al mar, pero sin mensaje y sin playa de destino; para no sorprenderme ni asombrarme, para negarme el derecho a la alegría de los colores, las ilustraciones de los libros.No leer sirve para aburrirme hasta la abulia cuando ninguna de mis actividades me llene el ocio; para no ganar veinte o treinta minutos de información, de conocimiento, de recreación; para dejar que se pudra la imaginación creadora de todo cuanto vive y nace, y que mi cerebro se vuelva un repollo a la intemperie.No leer sirve para darle la espalda a la posibilidad de comunicarme con los demás, sobre todo los demás que sí leen; para perderme de la deslumbrante maravilla de encontrar una palabra nueva, toda viva, toda linda con su significado.No leer sirve para negarme la música de las rimas, para perderme la travesura enrevesada de los trabalenguas, para no develar el misterio de las adivinanzas, la magia del desenlace de algún cuento que me perderé por no hacer el intento.No leer sirve para no tener recuerdos, y quien no tiene memorias se convierte en recipiente sin contenido.Pues, como lo pensó Gaspar Octavio Hernández, “propensa a la servidumbre vive siempre la nación que no lee”."De la abundancia del corazón habla la boca", dice mi Biblia.Aplica para la fe, aplica para la vida.