opinion
De la nulidad a las negociaciones
Carlos A. López Z. - Publicado:
La relación contractual entre Panamá y Estados Unidos, desde el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903 hasta los Tratados del Canal de 1977, se ha caracterizado por su naturaleza profundamente desigual.Desigual, por el desequilibrio en el poder de negociación de cada una de las partes.Desigual, por las circunstancias que rodearon las negociaciones entonces y después, las cuales permitieron la imposición de los intereses leoninos de Estados Unidos a Panamá.Por ello, el lenguaje diplomático empleado en los textos no logra ocultar la esencia antijurídica de muchos de los compromisos pactados: las cláusulas arrancadas mediante coacción abierta o encubierta quedan en abierta oposición al derecho internacional.Tarde o temprano, pues, salta la liebre, pero lo que a veces achacamos a la "fuerza de las circunstancias", es realmente fruto frecuente de la asimetría que caracteriza al sistema internacional.La esencia antijurídica de algunos textos del Tratado Hay-Bunau Varilla fue expuesta por algunos de sus detractores a lo largo del tiempo, como ocurrió con la controvertida soberanía.Sin embargo, las denuncias que se hicieron más recientemente con el propósito de invalidar la totalidad del Convenio oprobioso de 1903, fundamentadas ora en la Constitución Política, ora en el derecho internacional, datan de 1963 y 1968.En 1963, el licenciado Domingo H.Turner expuso las razones por las cuales dicho convenio era inconstitucional y, con tal propósito, desmenuzó las circunstancias históricas y las irregularidades jurídicas que rodearon la mal llamada aprobación o ratificación del lesivo instrumento.Su planteamiento, plasmado en su obra ºTratado Fatal! (Tres ensayos y una Demanda), agotada, quería que la Asamblea Nacional impartiera su aprobación o rechazara el Tratado (ninguna asamblea lo había conocido) y culminó con una demanda de inconstitucionalidad que don Domingo hizo elevar ante la Corte Suprema de Justicia ese año.La Corte se declaró impedida con la excepción del doctor Rodrigo Arosemena, quien salvó su voto para la historia.La movilización popular que pedía don Domingo no se produjo.En agosto de 1968, quien esto escribe asumía la presidencia de la Asociación de Estudiantes de Diplomacia en una ceremonia celebrada en el Hotel Internacional con la presencia del cuerpo diplomático, del gobierno de Marco A.Robles y de representantes del presidente electo, doctor Arnulfo Arias.En vez de un discurso palabrero, como era costumbre, me pareció más útil aprovechar la ocasión para explicar, con lo poco que conocía de derecho internacional, de qué manera en el Tratado Hay-Bunau Varilla no se hallaba presente ninguna de las condiciones de validez de los tratados según el derecho internacional y que, por ende, dicho instrumento contenía serios vicios de nulidad y era, por lo tanto, anulable.Ni el Estado recién nacido ni el plenipotenciario (Felipe Bunau Varilla) poseía la capacidad para suscribir un tratado, y el acuerdo suscrito no perseguía un objeto lícito y posible como tampoco contó con el libre consentimiento del pueblo panameño.El planteamiento fue publicado en El Panamá América (24, 28, 29 y 30 de agosto de 1968) y luego recogido en El Canal de Panamá, Calvario de un Pueblo (1972, 1974).Allí demostramos la anulabilidad del Tratado, pero también terminamos con una propuesta, en las siguientes palabras (que citamos sólo por su pertinencia actual):"Los retamos a negociar con Panamá, libre de las ataduras del pasado, de la coacción y el chantaje, de la intriga política y el soborno, bajo los principios contemporáneos de convivencia internacional consagrados por las Naciones Unidas en sus resoluciones sobre el colonialismo, el neocolonialismo y la soberanía permanente de los pueblos sobre sus recursos naturales."Previendo que Estados Unidos no accediera a negociar en tales condiciones, añadimos lo siguiente:"Panamá no tiene hoy que conformarse con su duro destino, porque como dijo William Jennings Bryan, "el destino es el refugio de los invertebrados, quienes no teniendo valor para oponerse al error, buscan alguna excusa plausible para justificarlo".""Señoras y señores: Si Panamá, ante la terrible disyuntiva en que pudieran ponerla los Estados Unidos, decide al fin ponerse los pantalones y aspira un tratado que, consultando su interés nacional con el legítimo interés del pueblo norteamericano, salvaguarde el interés de la comunidad internacional, que se vea en el espejo de España, que acaba de retornar victoriosa de las Naciones Unidas y lleve el Canal de Panamá, Gibraltar americano, ante tan acogedor seno, para que allí se decida la suerte de este problema, que es uno político y no jurídico (porque esto último está claro) y, fundamentalmente, internacional."Allá la justicia espera al pueblo panameño porque, como dijo el poeta Pablo Neruda sobre el futuro del Canal: "pero estas construcciones, estos lagos/ esta aguas azules de dos mares/ no deben ser la espada que divide/ a los felices de los miserables,/ debiera ser la puerta de esta espuma/ la gran unión de dos mundos nupciales:/ un pequeño camino construido/ para hombres y no para caimanes,/ para el amor y no para el dinero/, no para el odio, sino para los panes/ y hay que decir que a ti te pertenece/ este canal y todos los canales/ que se construyan en tu territorio:/ éstos son tus sagrados manantiales".Estados Unidos se aferraba a los Tratados Robles-Johnson y no quería asumir el compromiso claro de descolonizar a Panamá.Bajo la cancillería del licenciado Juan Antonio Tack, la controversia fue examinada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en marzo de 1973 luego de una fuerte denuncia de la condición antijurídica e inmoral del Tratado Hay-Bunau Varilla, que dejó de ser un problema bilateral y se internacionalizó.Ello abrió paso al desmantelamiento de la Zona del Canal y el traspaso de la vía acuática a Panamá.ºNo aramos en el mar!En noviembre de 1976 denunciamos la falacia de una neutralidad intervencionista cuando aún el Tratado de Neutralidad no existía, en un artículo de periódico ("ºNo a la primera intervención del siglo XXI!").Posteriormente, en nuestra carta de renuncia al general Omar Torrijos (agosto de 1977), le manifestamos que el proyectado tratado de neutralidad sería anulable ante el derecho internacional.Pero ahora, como en 1968, lo importante es que el nuevo gobierno ubique esta caracterización dentro de una perspectiva negociadora que nos permita eliminar o aclarar textos según cada caso, y debe también buscar apoyo internacional para nuestra causa si nuestros reclamos son desoídos por Estados Unidos.No obstante, las condiciones son distintas a las de entonces, y lo fundamental ahora es el magno evento de fines de año.¿Se repetirá la historia en espiral?