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Raúl Rivero y la sensatez
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PERDIMOS LA cuenta de los años que llevaba el escritor y periodista cubano Raúl Rivero en la cárcel.Desde hace años, vemos figurar su nombre en todos los informes sobre violación de la libertad de expresión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).Pero al fin salió, aunque no sabemos por tanto tiempo, porque ha vuelto a sus andadas; manifestar su descarnada oposición al régimen de Fidel Castro; pero no desde un cómodo exilio en Miami, sino dentro de las entrañas de la dictadura.El régimen cubano requería de una señal de buena voluntad para reciprocar el reciente gesto de la Unión Europea, bajo iniciativa de España, de suavizar la política de aislamiento seguido en su contra; política que se originó tras casi un centenar de detenciones de disidentes, quienes sostenían reuniones con representantes de la oficina de intereses norteamericanos.La acusación era desde traición hasta atentar contra la seguridad nacional.Todos los cargos eran, evidentemente, infundados.Rivero y los suyos no hacían más que hacer oposición al régimen y teorizar sobre su sustitución tras una eventual ausencia de Castro.Rivero sólo hacía lo que todo cubano preocupado por su país debe hacer, plantearse la pregunta: ¿Y después de Fidel qué? El exilio cubano está dividido entre un mayoritario sector liderado la Fundación cubano-americana, partidario del derrocamiento del régimen y la restauración de los derechos usurpados; y otro minoritario, que preconiza una transición gradual y pacífica hacia la democracia, respetando parte de los cambios, y teniendo como garante al ejército, al que se atribuyen condiciones de disciplina, profesionalismo y respetabilidad entre la población.El mismo Rivero lo explica, luego de su liberación: "Si me topara con Fidel Castro ahora, no le hablaría de las condenas a penas de cárcel, sino de la necesidad de cambiar y modernizar la sociedad cubana; y de abrir las puertas, no para que se vaya la gente, sino para que regrese todo el que quiera".Su opinión sensata tropieza, sin embargo, con un serio obstáculo, el presidente George Bush, simpatizante del exilio extremista.El crecimiento vertiginoso y las proyecciones ambiciosas de empresas como COPA, la presencia de una mayor cantidad de líneas aéreas y de vuelos internacionales llegando a nuestro país, muchas de ellas como resultado de la Categoría I, y las razones de seguridad internacional antes expuestas, han aumentado la necesidad de cumplir la normativa existente, pero también, desarrollar y aplicar nuevas regulaciones emergentes.El futuro exitoso y sostenido de la aviación civil en Panamá, está en función directa de la capacidad para afrontar nuestros compromisos internacionales y nacionales en materia de seguridad operacional, en lograr inversiones para mejorar nuestros aeropuertos, en adquirir equipos de ayuda a la navegación y comunicaciones, en mejorar la seguridad aeroportuaria y la certificación de aeródromos, en la protección del medio ambiente, y por último, en aquellos aspectos relacionados con la reestructuración interna de la Autoridad Aeronáutica, para hacer de ella una organización eficiente y ágil, capaz de responder a las necesidades del sector, incluyendo el manejo profesional de sus recursos humanos y la capacitación que requiere su personal y el sector.Panamá se verá en los próximos años sometida a rigurosas auditorías de parte de la OACI para asegurar el cumplimiento de las normas para la aviación.Sin embargo, la estructura que apuntala los esfuerzos de preparación y mantenimiento de los niveles de calidad requeridos, tiene un costo que hay que afrontar a tiempo.Mucho más costoso resultaría en el corto plazo la pérdida de imagen y de confianza de los inversionistas, líneas aéreas y pasajeros que ven en Panamá una alternativa para traer divisas y generar empleos.Los retos y compromisos para la ACC enmarcan responsabilidades internacionales que requieren del decidido apoyo del Estado y de la sociedad en general.