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Recordando a Gilberto Arias
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Varios sucesos recientes me han recordado mucho, una vez más, al gran abogado y querido amigo, Dr.Gilberto Arias Guardia.El primero de ellos fue la publicación referente al tema de la "dolarización" de las economías de varios países latinoamericanos.Esta idea que hoy día se considera de importancia para las economías, la estabilidad política y la justicia social fue considerada hace unos años, cuando Gilberto fungía como ministro de Hacienda, como una afrenta a la soberanía del país.Se iniciaba la década de los "60, y en círculos ciudadanos se hacía una evaluación de algunas importantes "reformas" que estaban en el ambiente y que Gilberto, con su penetrante inteligencia, su vocación política y su gran capacidad legal, consideraba perjudiciales para la estabilidad política y la seguridad jurídica del país.Entre los temas más candentes estaba el cuestionamiento del uso del dólar como moneda de curso legal.Casi solo, se echó encima la tarea de demostrar que era ilógico considerar que la utilización del dólar como divisa legal, en Panamá, era dañino a nuestra cultura y a nuestra soberanía.Hoy, que varios países estudian la dolarización de sus economías, Gilberto Arias merece nuestro reconocimiento por salir al frente contra xenofóbicos supuestos para mantener a Panamá libre de inflaciones catastróficas y conservar para nuestro país una economía envidiablemente estable.Otro suceso que me recordó a Gilberto, fue mi asistencia a la inauguración de un nuevo equipo para un periódico de la localidad.En 1968, Gilberto Arias, el político, fue amenazado en forma violenta por los golpistas que derrocaron al gobierno de su tío, el Dr.Arnulfo Arias Madrid, y tuvo que refugiarse donde un amigo mutuo en una residencia en las faldas del Cerro Ancón.Allí pasó varias semanas y no pudiendo, por amenazas, regresar a su territorio, se trasladó a un exilio que duró diez años y destruyó su vida familiar, sus periódicos, que le fueron expropiados, e interrumpieron de manera drástrica su carrera profesional y política.Sin embargo, ¡regresó! Recuperó sus periódicos, tras una gran batalla cívico-legal e intervino de una manera brillante en la unión de la oposición frente a las elecciones de 1989.Gilberto pagó un precio altísimo por lucha contra la dictadura, por intervenir en la política de manera sobresaliente para que en Panamá imperara la libertad, la justicia y la democracia; sufrió emocionalmente odiseas extraordinarias; pagó un precio personal, político y económico y al recuperar, con su hermana, Rosario Arias de Galindo, los periódicos El Panamá América y Crítica, que injusta e ilegalmente les arrebataron, jamás lo escuché utilizar esta historia personal que brevemente he contado, para lograr simpatías hacia sus periódicos y obtener suscriptores y lectores con su sacrificio personal.Cuando escucho a tantos que se dan golpes de pecho (o de espalda) por lo que hicieron durante la dictadura, no puedo menor que recordar a este leal amigo de toda mi vida, que con entereza de carácter y grandes quilates profesionales y éticos, pagó un altísimo precio por luchar a favor de sus ideales: Los principios fundamentales en que se basa al democracia, la justicia y la libertad, y nunca hizo alarde ni reclamó galardones por la lucha que libró y el precio que pagó.No me extraña para nada que en una reciente conversación sobre sucesos políticos un prominente y equilibrado observador expresara: "Cuando se trata de desprendimiento, comprensión y tolerancia en el análisis político pongo a Gilberto Arias como paradigma; no he conocido a otro político que lo superara en esto".Palabras más, palabras menos, así lo recordamos con cariño y nostalgia.Algunas de sus cualidades nos servirían muy bien, hoy, en nuestro entorno político.