El país enfrenta escasez de guardaparques calificados
234 guardabosques deben enfrentar cada día el desafío de salvaguardar nuestras áreas protegidas, que representan el 35% del territorio nacional. Una labor colosal con el agravante de no contar con las capacitaciones necesarias. Anam y Minera Panamá presentan iniciativa para llenar este vacío.
El país enfrenta escasez de guardaparques calificados
Tradicionalmente, se creía que en materia de protección de parques y reservas naturales, el problema en Panamá era la escasez de personal, lo cual es cierto. Pero un reciente análisis a fondo puso de manifiesto que los pocos guardaparques que había tampoco entraban con la capacitación necesaria.
De modo que el clamor popular de que se contratara más personal para el control, vigilancia y apoyo ambiental en nuestras reservas pasó a complicarse con la premisa de que era necesario revisar los requisitos de estas contrataciones.
La Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) reconoce esta realidad. “Un guardaparque que es contratado sin recibir los requerimientos mínimos, es como alguien que no haya sido contratado”, afirma Alvin Alzamora, técnico de la Dirección Nacional de Áreas Protegidas y Vida Silvestre.
Asegura que es sumamente importante que el profesional de esta área sepa confeccionar los permisos como lo establece la ley, así como saber organizar los patrullajes y hasta identificar los insumos básicos que debe llevar en su mochila de gira.
Y aunque reconoce las carencias añejas del sistema, Alvin Alzamora sale al paso de las críticas que dicen que la Anam no capacitaba a sus guardaparques.
“Sí se daban capacitaciones, pero no eran de tipo formal. Por ejemplo, los técnicos de la Anam organizaban contenidos que luego desarrollaban. Había un esfuerzo, pero era necesario pasar a la profesionalización de los métodos”, recordó el ingeniero Alzamora.
Diplomado
De esta necesidad surgió una iniciativa que resultó en el primer diplomado para guardaparques de Panamá, que acaba de graduar su segunda promoción.
Los alumnos son los propios guardabosques, que ya tienen la vocación y la experiencia de campo, “pero que ahora reciben un entrenamiento que les da un respaldo universitario a su profesión”, resalta Alvin Alzamora.
“La iniciativa se dio de manera conjunta entre Minera Panamá y la Anam. Teníamos claro que se contaba con personal talentoso, pero no con el entrenamiento debido. Y más allá de reconocer el problema, se avanzó en buscar la solución”, explicó Adrián Benedetti, consultor ambiental de la empresa minera.
El diplomado también llegó a ser una de las estrategias útiles para alcanzar la ambiciosa meta de esa empresa minera: evitar la deforestación de 70,000 hectáreas en los próximos 40 años en el corredor mesoamericano, donde esta minera ocupa 6,000 hectáreas que serán impactadas.
“Evitar la deforestación es imposible si no se cuenta con el equipo y el personal adecuado -y preparado- para manejar esta zona”, valoró Adrián Benedetti.
La parte formal delcurrículum para guardaparques se consiguió con el respaldo y la elaboración de los contenidos entre la Universidad de Panamá, el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y la Universidad Estatal de Colorado (Estados Unidos).
“Profesionalizar a nuestros guardaparques es un gran paso, y esperamos que tenga seguimiento. Pero todavía hay temas pendientes, como la revisión de las políticas de contratación, entre otros, que urgen en este sector”, precisó el consultor ambiental Adrián Benedetti.
Desafíos
El experto en senderismo Gilberto Ceballos destaca que en este tema no se puede hablar con propiedad ni siquiera del clásico sendero, por las carencias de diseño adecuado, incluso en áreas protegidas con planes de uso abierto a visitantes.
Y Alvin Alzamora, de la Dirección Nacional de Áreas Protegidas y Vida Silvestre, reconoce estas necesidades, no obstante, apunta hacia un plan sistemático.
“En efecto, uno de los instrumentos que queremos desarrollar son los planes de uso público orientado al turismo de bajo impacto dentro de áreas protegidas. Pero para esto es necesario primero contar con personal calificado”, dice el funcionario de la Anam.
Y agrega que más allá de tratar de darle una respuesta puntual a la profesionalización de nuestros guardaparques, de forma paralela ya se trabaja en un proyecto de actualización de los planes de uso público en el Parque Soberanía.
“Esto incluye la revisión de los diseños de las infraestructuras necesarias que la gente pide. Eso sí, todas orientadas al turismo de bajo impacto”, reveló Alvin Alzamora.
Un ejemplo de diseño formal de senderos, junto a guías expertos, estructuras adecuadas y turismo de bajo impacto es el que se desarrolla desde hace décadas en la isla Barro Colorado, que junto a cinco penínsulas adyacentes forman el Monumento Natural de Barro Colorado (MNBC).
Allí, unos 3,000 visitantes llegan cada año.
Y si bien es cierto que no todos los parques y reservas ecológicas de Panamá pueden ser abiertos a la explotación turística, al menos 25 áreas protegidas sí reúnen las condiciones para ello.
Se estima que este tipo de actividades, bien desarrolladas, podrían aportar al Estado unos $232 millones cada año.