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El "Panamá de ayer" de Blas Petit no fue una quimera
Zenaida Vásquez y Leonardo Machuca - Publicado:
Todos son hermosos.Pero, queremos resaltar "Viajero Universal", un bello cuadro donde el pintor enfatiza dos bellezas que se conjugan, la de la niñez (con su inocencia, con sus ojos que parecen dos luceros, ojos de mirada profunda), y la de la negritud, con su equipaje de aportes como etnia que no han podido devaluar el tiempo ni la ingratitud."Viajero universal” es uno de los cuadros que exhibe, hasta mañana jueves 15 de julio, en el Banco Nacional (Casa Matriz, en Vía España) el artista panameño José Blas Petit en su muestra “Panamá de ayer”.Nos aclara Petit que en la exposición la obra aparece con el nombre de “Viajero en el tiempo”, pero el título original es “Viajero Universal”.Es un trabajo realizado en la técnica acrílico sobre tela; tamaño 30 x 33 pulgadas. Explica que “la obra representa al color de nuestra etnia de manera universal y que ha estado presente en todas las épocas, aunque no sea aceptado como tal”.El pintor, al preguntarle sobre sus inicios en la plástica, nos dice que su primera exposición individual fue en la secundaria.Allá, a finales de la década de los '70, en la escuela Ernesto T.Lefevre.“Eran dibujos de temas diversos, creativos, escolares”, rememora.Agrega que lo motivó a perseverar y desarrollar ese talento innato un profesor suyo, con quien siempre estará en deuda, Frank Davis.Lo curioso es que Frank Davis no era profesor de educación artística (a muchos no les sonará familiar, era una materia que se dictaba antes).Era docente de español.Explica que el profesor Davis se enamoró de un ojo que Blas hizo.De un ojo que se llamaba “pestañas ardientes” y le exaltó la habilidad que tenía en la plástica y en algo nada fácil, para hacer retratos.Recuerda Petit que era en un improvisado mural, la pared del salón, donde en esos tiempos escolares solía exhibir los trabajos que hacía en las hojas de los cuadernos.Cuando concluyó la secundaria, en 1984, ya no dudó que la ruta estaba trazada para él.Conducía a seguir el dictado de su corazón, de una pasión, de una vocación, la pintura.Veinticinco años ha durado este matrimonio con la plástica.Los votos los ha renovado Blas cada día que pasa y que abraza más el oficio, arte, profesión donde se siente realizado, al que se entrega sin condiciones.De sus obras le resaltan los críticos, y el público le elogia también, la vivacidad de los colores que utiliza, la temática y la simbología, donde el ojo es una constante.El tema de la etnia negra ha acompañado a José Blas Petit en su evolución como pintor.Es que él es un orgulloso representante y promotor de la riqueza y herencia cultural de su etnia, que tiene un equipaje inconfundible, donde se conjugan la alegría, el color, el apego a la tradición, una explosión de energía, una innata “rebeldía”, la habilidad para la gastronomía, la danza y el canto y un apego a sus raíces y tradiciones.En el arte que nos regala Petit en el Banconal se percibe añoranza por el Panamá que se ha ido- el de las chivitas de Boca La Caja, el de los “priti buay”, el de los raspaderos, los niños que jugaban la rayuela, la lata, mirón mirón u otras rondas, el de la vendedora de flores, el afilador de cuchillos y tijeras, el canillita que voceaba el periódico, el lechero, las verbenas...El Panamá querido de nuestras abuelas, de los tiempos en que había respeto, en que había modelos dignos de imitarse, en que la palabra líder no estaba prostituida es el que quiere recordarnos el pintor.Sí, del Panamá de otrora se ocupa José Blas Petit, del Panamá donde había calor de familia en el vecindario, el Panamá que ha sido reemplazado por grandes, modernos y sofisticados rascacielos donde ahora prefiere desmayarse el aristocrático sol del archiconocido poema “Cuartos”, del vate Demetrio Herrera Sevillano, en vez de hacerlo en las “soberbias torres con áurea flecha” de la “Patria” del llamado “poeta de la nacionalidad”, el gran Ricardo Miró.No más viajar en las chivitas de Boca La Caja, no más caminar la pareja de enamorados cogida de la mano por las plazas, mientras se cubre con un parasol, no más tiempo para conversar “los viejos”, en una banca del parque mientras se mira jurar a la gente menuda. Hoy, los días, la época, las actividades, la gente, los intereses...todo, todo es diferente.Es diferente a los que plasma en sus cuadros de “Panamá de Ayer” José Blas Petit.Hoy, por el contrario, días que “vuelan”, en que la gente se encierra como en burbujas personales que no dan cabida al diálogo con “el otro”, en que no hay espacio para soñar en colectivo, en que por andar en el corre corre se pasa de largo por la vida, por los lugares, las personas, y, al final, a mucha gente le queda un sabor amargo en la boca y se pregunta: ¿viví? ¿Qué es eso, la vida?