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Una colorida muestra de amor a la Patria
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Rosalina Orocú Mojica (rosalina.orocu@epasa.com) / PANAMA AMERICA En síntesis Gracias a Dios porque Él me regaló ese talento.Siempre he pintado juntas de embarra, lavanderas, la ordeña, carretas de bueyes llevando leña o caña y si Dios me autoriza, me da permiso, yo seguiré hasta siempre haciendo costumbrismo.Edwin Ortíz Edwin Ortíz ama a su país con todo su corazón de artista y utiliza el pincel y el lienzo para dejar constancia, como lo evidencia su exposición en la Caja de Ahorros (Casa Matriz), donde hay trabajos de este año, de 1983, 1987 y de la década de los ‘90.Son 30 plumillas y grabados grandes y 10 miniaturas.“Lo que me encanta hacer es lo mío, el costumbrismo”, nos dijo, entusiasta y rememoró su infancia y adolescencia.Personas que creyeron en él, lugares y circunstancias.No fue fácil, pero todo tiene su razón de ser, aunque en el momento no se comprenda.Siempre soñó ser un gran pintor.Recuerda que en 1983 hizo su primera exposición.Fue en la galería “Nuevos valores del arte”, de la antigua casa matriz de la Caja de Ahorros, que ahora es tremendo edificio, y, otra vez, le abre sus puertas.“Ellos tenían un espacio grande para los artistas noveles.Nos daban la oportunidad de exponer y nos promocionaban”.Él no tiene taller, pinta en su casa en la barriada Roberto Durán en San Miguelito, donde se estableció hace décadas.“Orgullosamente”, enfatiza y añade “porque, aquí también vive gente buena y luchadora”.Gente luchadora como él, que aunque capitalino, siendo muy joven (18 años) se casó con Antonia (oriunda de Parita) y se tuvo que ir para allá a trabajar nueve meses en la zafra.“Fui a hacer algo que nunca en mi vida había hecho, cortar caña y eso fue una experiencia muy motivadora para mí.Cuando tenía un momento libre me dedicaba a hacer dibujos”.Siguió viajando a Parita y El Capacho (en La Valdesa) y convivió mucho con los campesinos.“Me gustaba mucho ver cómo compartían durante la zafra, escucharlos salomar, lo que se decían entre ellos, al calor del trabajo y cuando el sol estaba incandescente.Esto y mi participación en las juntas de embarra, verlos derribar sus ranchos para hacer una casa de quincha y barro nueva, trabajar en equipo, con un mismo objetivo, llenos de euforia y con el sequito y la chicha fuerte terminaban metidos en el barro...Esto me marcó y engrandeció mi interés por el costumbrismo”.