La renovación comenzó a ganar músculos y sembró el temor entre sus adversarios
Las próximas 24 horas serán cruciales para vislumbrar el futuro inmediato de la más grande y antigua asociación de dueños de pura sangres en Panamá.
La renovación comenzó a ganar músculos y sembró el temor entre sus adversarios
Hace algunas semanas, un hípico se acercó a uno de los promotores de la campaña de reelección de la junta directiva de la Sociedad de Dueños de Caballos y le preguntó: ¿Cómo ves las elecciones? El promotor le contestó con la siguiente interrogante: ¿Tú a dónde vives? A lo que le respondieron: “En Las Acacias”. Bueno, dijo el promotor, 'vamos a ganar de aquí a Las Acacias'.
Así de confiados y seguros se sentían hasta hace poco los más cercanos colaboradores y simpatizantes de la campaña reeleccionista, por lo que prácticamente menospreciaban a los que ya estaban dando visos de que presentarían una nómina para competir por la nueva directiva, cuya gestión se prolongará por tres años.
La sonrisa comenzó a convertirse en mueca cuando en vez de dos nóminas competidoras, se produjo una alianza, que dio lugar a la nómina liderada por el doctor Arturo Wong, junto a otros dueños de caballos y profesionales de reconocida trayectoria, no solo en el hípica, sino fuera de ella.
Comenzó la campaña y con ello la nómina, que desde entonces, se conoce como Renovación, empezó a exponer sus planes, a cuestionar a la directiva actual y a acercarse a los socios de la agrupación. Quienes estamos enterados de cómo se realizan las elecciones, sabíamos que no sería tarea fácil que desbancaran a la directiva actual, pero poco a poco el movimiento de renovación fue tomando músculos.
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No cayó bien entre muchos el hecho de que la hípica, como un todo, y el nombre del presidente de la Sociedad de Dueños de Caballos, en particular, se estuvieran mencionando de manera negativa en los medios de comunicación social. Tampoco gustó el excesivo protagonismo del dirigente actual.
Con ello lo que parecía un 'paseo a la bandera', se convirtió en una carrera cuesta arriba y, aunque la reelección mantenía su favoritismo, las distancias se habían acortado.
De repente, surgió una impugnación en contra de los opositores, la cual tuvo como argumento pueril el hecho de que se presentaron tres vocales en la nómina y no dos. Si el Comité Electoral, al cual se entrega la documentación, no fue capaz de advertir ese yerro, entonces para qué están ahí; o es que simplemente, prefirieron mirar hacia el lago.
No hay que ser muy aventajado para darse cuenta de que sí sienten el peligro, porque la realidad ha cambiado. Tanto así, que han puesto en operación a sus fuerzas de choque dentro del hipódromo y en las redes sociales, en donde se evidencia el grado de molestia que los abruma. No han faltado las ofensas y algunos excesos en sus manifestaciones.
Atacan sin argumentar, se escudan en el anonimato para defender lo indefendible y se apoyan en terceros para decir lo que no se atreven señalar por ellos mismos.
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Esta misma semana se ha intentado solicitar la realización de una asamblea general extraordinaria para que, por mayoría, los dueños decidan qué es conveniente hacer con el actual estado de cosas y, hasta el momento de redactar esta columna, se resistían.
Nos parece que se impone aplazar la votación por lo menos un par de semanas, se permita que la otra nómina participe y que gane quien tenga que ganar. Todavía están tiempo de ganar “de aquí a Las Acacias” o por una nariz.
Si no asumen una posición de hidalguía -hípicamente hablando- el pelotón les va caer encima y los van a pasar de largo.
Si triunfa la reelección, no quedarán dudas sobre la legitimidad de su mandato y si gana la renovación estará claro que la voluntad de la mayoría estaba a favor del cambio.
Lo que menos quisiéramos es que se fraccione la agrupación, porque podemos saber adónde comienza esto, pero es difícil precisar en dónde terminará.
Ah... y gane quien gane, deben comprometerse a cambiar eso de que la directiva ejerce por tres años; es demasiado tiempo para un grupo que maneja los intereses de tanta gente.