Pese a los avances en acceso educativo, Panamá aún enfrenta brechas en calidad
Las deficiencias educativas no solo afectan el desempeño académico, sino también la capacidad de inserción laboral.
El estudio evidencia que la región aún enfrenta rezagos en resultados educativos. Foto: Cortesía
América Latina y el Caribe enfrenta importantes desafíos en materia educativa, pero también cuenta con oportunidades relevantes para fortalecer sus sistemas y mejorar los resultados de aprendizaje. Así lo señala un nuevo informe de McKinsey & Company, que examina cómo la tecnología y la filantropía pueden contribuir a impulsar avances en la educación en la región.
En este contexto, el informe sitúa a Panamá dentro del grupo de países de mayor ingreso de la región, junto con Chile y Uruguay, destacando avances en acceso educativo, particularmente en niveles de secundaria. No obstante, también evidencia que, al igual que otros países de América Latina y el Caribe, el país aún enfrenta retos en la calidad educativa y en los resultados de aprendizaje, que se mantienen por debajo de los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Brechas de aprendizaje que persisten en la región
El estudio evidencia que la región aún enfrenta rezagos en resultados educativos, a pesar de avances en acceso. Actualmente, el 79% de los estudiantes de sexto grado no logra comprender textos básicos, lo que ubica a América Latina y el Caribe entre las regiones con mayores niveles de pobreza de aprendizaje a nivel global.
Además, el 75% de los jóvenes de 15 años no alcanza niveles mínimos en matemáticas y el 55% presenta dificultades en lectura, lo que refleja una brecha significativa en habilidades fundamentales. Esta situación se agravó tras la pandemia y se ve profundizada por desigualdades socioeconómicas: los estudiantes de mayores ingresos tienen hasta cinco veces más probabilidades de completar la educación secundaria.
Impacto en el empleo y el crecimiento económico
Las deficiencias educativas no solo afectan el desempeño académico, sino también la capacidad de inserción laboral. En países como Brasil y Colombia, hasta un tercio de los jóvenes no estudia ni trabaja, muy por encima del promedio de la OCDE.
El informe subraya que mejorar los resultados educativos es clave para el crecimiento económico: reducir en apenas 10% el número de estudiantes sin habilidades básicas podría aumentar el crecimiento anual del PIB entre uno y dos puntos porcentuales.
El potencial —aún no aprovechado— de la tecnología educativa
La tecnología educativa (edtech) se posiciona como una herramienta clave para cerrar brechas de acceso, mejorar la calidad del aprendizaje y optimizar la gestión educativa. Sin embargo, su impacto en la región sigue siendo limitado.
A pesar de que existe un mercado potencial de entre 1.000 y 1.500 millones de dólares en soluciones de aprendizaje hacia 2030, este sigue subdesarrollado. Factores como limitaciones de infraestructura digital, falta de capacitación, barreras culturales y restricciones presupuestarias dificultan su adopción a gran escala.
A esto se suma un desbalance en el financiamiento: mientras a nivel global más del 55% de los recursos se destinan a educación básica, en América Latina y el Caribe solo el 10% llega a este segmento, que es precisamente el que concentra mayores necesidades.
Filantropía: un catalizador clave para el cambio
El informe destaca que la filantropía puede desempeñar un rol determinante para dinamizar el ecosistema educativo, especialmente en áreas donde el mercado no invierte de manera suficiente.
Actualmente, la región recibe apenas el 7% del financiamiento filantrópico global en educación, a pesar de representar más del 10% de los estudiantes a nivel mundial. Además, muchas iniciativas educativas enfrentan dificultades para acceder a estos recursos debido a la falta de redes y conocimiento del ecosistema.
Para cerrar estas brechas, McKinsey identifica áreas prioritarias de inversión, que incluyen desde la formación de tomadores de decisiones en el uso de tecnología hasta el financiamiento de emprendimientos emergentes y la creación de estándares de calidad para soluciones edtech.
Una hoja de ruta para transformar la educación
El análisis concluye que cerrar la brecha educativa en la región requerirá una acción coordinada entre gobiernos, sector privado, inversionistas y organizaciones sociales. En este contexto, la tecnología y la filantropía pueden actuar como catalizadores de un cambio sistémico.
Según McKinsey, una inversión estratégica de entre 120 y 150 millones de dólares en iniciativas clave podría generar un efecto multiplicador en el ecosistema educativo, acelerando la innovación, mejorando los resultados de aprendizaje y fortaleciendo el capital humano en la región.