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Carta pública a la Presidenta
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Señora Presidenta: Quien le suscribe, educadora de experiencia como maestra en el área rural y urbana, profesora de educación media y universitaria; directora de escuela secundaria, autora de libros de texto escolares, me dirijo a usted para hacerle llegar mis reflexiones en torno a su decisión de vetar el proyecto de ley 128, por inconveniente.En primer lugar, considero que en este país se impuso, una vez más, el criterio del poder comercial a través de su principal vía o agente, la mayor parte de los medios de comunicación, esgrimiendo argumentos falaces que usted plasma casi textualmente en el documento que envió a la Asamblea Legislativa, donde informaba del veto al mencionado proyecto de ley.Nunca pensé que usted, que ha sido y es víctima de las campañas de descrédito que disminuyen su imagen como política y ahora en su gestión presidencial, no hubiera sido capaz de calibrar los verdaderos objetivos del poder comercial en relación con este proyecto de ley, cuyo rechazo sólo favorece a los intereses comerciales de algunas escuelas y editoras transnacionales, que tienen únicamente como interés la comercialización del "insumo" texto escolar.Respeto su decisión, sin embargo no dudo que en la intimidad nuestros detractores se vanaglorian de "su poder".En la argumentación que usted plantea sobre las fronteras de la educación en un mundo globalizado, considero es una apreciación que desconoce la calidad del educador(a) y del autor(a) panameño(a) que siempre, sin esperar los cambios de programas, actualizan la enseñanza y porque, en la práctica, aún bajo la más elemental concepción de la cultura, en un país como el nuestro, abierto a todas las corrientes del cambio por su posición geográfica y función de tránsito, desde los albores de su historia, el educador es consciente que no puede estar, ni ha estado nunca, al margen de las transformaciones mundiales.El proyecto de ley sobre el uso del texto, cuyas directrices ya están en las normas legales del Ministerio de Educación, no cierra las puertas a los cambios que usted señala y que por tanto "nos aíslan".Lastimosamente, Su Excelencia repite las falacias de quienes se consideran los únicos que tienen derechos en este país: el poder comercial que ahora pretende arrogarse como defensor de la educación, de la niñez y juventud panameñas, que son precisamente víctimas de sus intereses, porque no son educadores, no conocen del tema, no entienden los procesos psicopedagógicos en la enseñanza-aprendizaje, porque son comerciantes.Para esclarecer sus conocimientos de estadista en materia educativa, muy respetuosamente, le informo que los textos escolares desarrollan los programas de un país, en base a objetivos y que las nuevas corrientes del conocimiento científico, tecnológico, económico, cultural y político que se den en el entorno nacional y universal, se plasman en los programas, que deben estar en permanente actualización, y que, el texto es uno de los instrumentos pedagógicos que desarrolla el programa.En Panamá, los programas responden a los objetivos que están desarrollados en el artículo 4A de la ley orgánica del ramo educativo, que orienta la educación en función del engrandecimiento de la nación dentro del marco de "los cambios y tendencias del mundo actual".En el caso particular de los textos, el desconocimiento de los objetivos de la educación panameña y lo que dispone la ley orgánica, por parte de las autoridades del ministerio que rige la educación, la llevan a usted por caminos equivocados en el manejo de la educación, que yo esperaba que, a través de su gestión, por el espíritu de la doctrina que su persona representa, se enrumbara hacia una educación que nos liberara de la dependencia que sufren los países subdesarrollados, como el nuestro, que además tiene pretensiones de país rico, menospreciando lo propio.