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Pasado, presente y futuro de la mujer policía en Panamá

Beatriz Pimentel Villar| Abogada| Docente| Capitán Retirada| Criminóloga - Actualizado:

Pasado, presente y futuro de la mujer policía en Panamá

La participación femenina en los cuerpos de seguridad pública constituye un eje fundamental en la construcción de la historia institucional del país. Desde los primeros pasos en la Guardia Nacional, pasando por la Fuerza de Defensa y la Fuerza Pública hoy Policía Nacional, las mujeres han marcado hitos que reflejan su creciente protagonismo en escenarios tradicionalmente reservados a los hombres.

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Por otra parte, entre los periodos más relevantes destacan la conformación del Pelotón Acuario, la incorporación de inspectoras de tránsito en los cursos básicos iniciales y la activa presencia en la FUFEM, instancias que abrieron camino a nuevas generaciones. En la década de 1990, tras la invasión de 1989 y en el marco de la reconstrucción democrática, Panamá inició un proceso de apertura hacia la igualdad de género en la Fuerza Pública. Oficiales activas ya formadas en países como Argentina y Perú aportaron su experiencia para consolidar la incorporación femenina en las filas policiales. Este camino tuvo un punto de inflexión en 1991, cuando se permitió el ingreso de mujeres al tercer curso de formación de agentes de policía después de la invasión. La participación femenina en la tercera promoción de la Academia de Policía (ACAPOL) representó un hito en la institucionalidad policial, al abrir espacios de equidad en una institución históricamente masculina.

El proceso se fortaleció en 1998 bajo el liderazgo de la Capitana Belkis Vega Hurane, quien impulsó la selección de las primeras promociones de oficiales femeninas del Centro de Enseñanza Superior (CES). Su gestión estableció un precedente histórico, no solo en la profesionalización de la mujer policía, sino también en la consolidación de valores de igualdad y justicia dentro de la estructura policial panameña. Este avance reflejó un compromiso humanista con la equidad, reconociendo la capacidad y el aporte de las mujeres en la construcción de una Fuerza Pública más representativa y democrática.

Este recorrido evidencia que el pasado, presente y futuro de la mujer policía no solo se inscribe en la memoria institucional, sino que también proyecta un legado de disciplina, liderazgo y equidad en la seguridad pública.

Si bien es cierto, la incorporación de mujeres en la Seguridad Nacional fue un proceso que comenzó a consolidarse en medio de transformaciones políticas y sociales y económicas. Durante décadas, la Guardia Nacional, luego Fuerzas de Defensas, y posteriormente Fuerza Púbica en estas etapas evolutivas la incorporación de las mujeres se inicia escalonada, la institución policial estuvo exclusivamente conformada por hombres, reflejando una estructura tradicional arraigada. Sin embargo, los avances en la modernización y la necesidad de adaptarse a nuevas realidades impulsaron una integración progresiva de mujeres en sus filas.

Precisemos, antes que nada, que en 1950 ingresó la primera mujer a la Policía Militar para ejercer funciones administrativas, las cuales fueron desarrolladas y marcadas con éxito. Durante el período de la Guardia Nacional, particularmente tras el golpe de Estado del 11 de octubre de 1968, Panamá experimentó una profunda reestructuración en sus sistemas de seguridad y defensa. Este proceso no solo redefinió el papel de las fuerzas armadas y policiales, sino que también marcó el inicio, aunque de manera limitada y gradual, de la inclusión de mujeres en estos ámbitos.

Como parte de esta transformación, se promovió la formación de mujeres en el exterior, contando con un número reducido de ellas que fueron a estudiar, principalmente enfermería militar, en academias de México, Perú, Argentina y Chile. En estas últimas, además, se especializaron en ramas vinculadas a la investigación criminal, aportando conocimientos técnicos y disciplina que fortalecieron la presencia femenina en la Seguridad Nacional.

Es crucial reconocer que la incursión de la mujer en la policía tiene un antecedente histórico significativo. En este artículo de investigación, se destaca el rol de las mujeres policías a lo largo de diversas etapas en las que hemos evolucionado dentro de la Fuerza Pública.

En ese sentido, es la Teniente Coronel Margarita Arango de Ferrufino la cual se destacó como una de las oficiales más respetadas y admiradas, tanto por la tropa como por los altos mandos de la Guardia Nacional. Su liderazgo firme y su compromiso inquebrantable fueron esenciales para el fortalecimiento y evolución de la institución en el ámbito administrativo. Además, jugó un papel fundamental en la creación del comisariato el Paco, una iniciativa que proporcionó apoyo logístico a los miembros de la Guardia Nacional, posteriormente Fuerzas de Defensa, reforzando su bienestar y operatividad. Su legado trascendió aún más cuando se convirtió en la primera mujer en que formó parte del Estado Mayor General en un período en el que la institución estaba bajo el mando del coronel Florencio Flórez Aguilar la primera mujer en América Latina, un hito que representó un avance crucial en la visibilidad y reconocimiento del liderazgo femenino en cuerpos de seguridad.

La teniente coronel marcó un punto de inflexión en la inclusión de la mujer dentro de las fuerzas armadas. Inicialmente, su presencia se limitó a roles administrativos y de apoyo preventivo, pero con el paso del tiempo, su participación se expandió hacia tareas operativas y de Seguridad Pública. Fue a finales de los años 70 y, con mayor fuerza, durante las décadas de los 80 y 90 cuando las mujeres comenzaron a consolidarse dentro de la institución, asumiendo responsabilidades y abriendo nuevas oportunidades de desarrollo profesional. Este avance no solo fortaleció la diversidad dentro de la Fuerza Pública, sino que también sentó las bases para el equilibrio, y el reconocimiento del liderazgo femenino en la seguridad del país.

En ese sentido, en 1979, Linda Moreira, una joven valiente y visionaria, ingresó a las Fuerzas de Defensa, marcando el inicio de una trayectoria ejemplar caracterizada por el compromiso y la excelencia. Con el objetivo de fortalecer su formación, continuó sus estudios en Perú, en la Escuela de Policía Femenina de la Guardia Civil, donde perfeccionó sus habilidades y consolidó su preparación profesional. Posteriormente, se especializó como investigadora criminal en Chile, destacándose en un ámbito que demandaba destreza táctica, disciplina y profundo conocimiento técnico táctico. En 1983, se convirtió en la primera mujer en culminar estudios policiales en Panamá, marcando un hito histórico al abrir camino para futuras generaciones. 

Su liderazgo continuo década de los 90 fue decisivo en la creación del grupo operativo Los Rojos, unidad pionera en acciones estratégicas operativas de seguridad y control territorial en la metrópolis panameña. Su trayectoria de servicio distinguido fue la primera femenina jefa de la Zona Policial de San Miguelito y pionera en la incorporación del enfoque de género en el Ministerio de Gobierno hoy Ministerio de Seguridad Pública.

En ese mismo orden, trazándose el camino de incorporación de femeninas a la Guardia Nacional en aquella época, una joven de 18 años, motivada por su deseo de formar parte de la doctrina militar existente, encontró en los giros del destino la oportunidad de prepararse académicamente, así, fue enviada a México, donde se formó como enfermera militar, iniciando un camino de aprendizaje y especialización continua en distintos ámbitos como paracaidistas, entre otras con la realización de diversos cursos de capacitación y perfeccionamiento. Continuando aquel legado con firmeza y perseverancia, Capitana Luz María Llorente se convirtió en un pilar fundamental para la inclusión femenina de jóvenes valiosas y guerreras en las Fuerzas de Defensa de Panamá. Su liderazgo, dedicación y esfuerzo incansable es elegida para formar parte en un proyecto de formación femenina como táctica del segundo curso de inspectoras de tránsito.

Toda vez, que el primer curso de inspectoras de tránsito había sido un éxito ya que por primera vez se contaba con unidades motorizadas femeninas, inspectoras, regulación a pie en aquella época, Este primer curso visibilizo a nivel nacional a las mujeres ya que recibieron un entrenamiento exigente graduado a las primeras paracaidistas femeninas, dicha formación estuvo a cargo de la Sgto. 2do Benigna Cerceño Rivas. Asimismo, se destaca la agente Ida Palmer formó parte del primer curso femenino de la Policía Nacional, realizando patrullajes a pie en el sector del área canalera. Su presencia resaltaba la belleza la diversidad cultural al mismo tiempo que dejaba en alto el prestigio de la institución policial en la década de 1981. Con su porte y disciplina ejemplar, se convirtió en un referente de compromiso y profesionalismo dentro de la Policía Nacional, especialmente en el año 1998, cuando su labor fue reconocida como símbolo de dedicación y orgullo Policial.

En el marco del plan piloto, el Departamento del G3 de las extintas Fuerzas de Defensa de Panamá (FFDD) correspondía al Departamento de Operaciones y Planes del Estado Mayor, responsable de la planificación, coordinación y supervisión de todas las operaciones militares, tácticas y programas de entrenamiento.

En continuidad con esta labor, se desarrolló el segundo curso básico de inspectoras de tránsito, dirigido por la Capitana Luz María Llorente, quien reclutó a nivel nacional a jóvenes soñadoras que culminaron su formación y se graduaron como inspectoras de tránsito, con el propósito de integrar el primer programa de educación vial metropolitano en las escuelas públicas de nivel primario, avalado por el Ministerio de Educación. De esta iniciativa, conocida como la Patrulla de Educación Vial, surgieron figuras pioneras en distintas ramas: Jen Álvarez, primera mujer especialista en explosivos; Serénela Guardia, pionera en la labor de radio operadora; y Magalis Ríos, reconocida como la primera policía especialista en Protección a Personajes Muy Importantes (PMI).

En este contexto se creó la FUFEM (Fuerza Femenina Rufina Alfaro), bajo el mando de la Capitana Luz María Llorente, quien durante su formación adquirió experiencia en diversos cursos ofrecidos por la institución, tanto en Panamá como en el extranjero. Entre ellos destacó su participación en PANAJUNGLA, un programa de entrenamiento extremadamente exigente para mujeres en aquella década, que fortaleció la disciplina y el liderazgo de las nuevas generaciones.

Además, se seleccionaron cinco unidades femeninas para integrar la Unidad Especial de Seguridad Anti terror (UESAT), entre ellas la destacada agente Belkis Vega Hurane, Meralis Argüelles e Isabel Navarro, junto a otras integrantes. Posteriormente, se enviaron contingentes a capacitarse en Israel, donde sobresalió la participación de Luz María Llorente, hecho que constituyó un hito en la historia de la Seguridad Nacional y consolidó la presencia femenina en operaciones estratégicas de alto nivel.

Con el transcurso de los años, la participación de las mujeres en la Policía Nacional evolucionó de manera significativa, pasando de desempeñar funciones auxiliares a ocupar cargos estratégicos y de mando. La conformación del Pelotón Acuario representó un precedente histórico, al demostrar con hechos la capacidad, disciplina y compromiso de las mujeres dentro de las Fuerzas de Defensa.

Este hito abrió las puertas para su integración progresiva en la estructura de seguridad del país, fortaleciendo la Fuerza Pública y generando un impacto que motivó a muchas damas a dejar las sandalias por las botas, formando así un legado de perseverancia, sacrificio, valentía, honor, disciplina y responsabilidad.

Según investigaciones, otra dama se convirtió en referente histórico: Manené Rodríguez, pionera en la aviación militar panameña. La Fuerza Aérea Panameña no solo ha desempeñado un papel en la seguridad del Estado, sino que también ha sido ejemplo de inclusión y determinación, con una destacada presencia femenina en sus filas, especialmente en la base de Tocumen.

En este contexto emergió una figura que rompió barreras y abrió caminos la Mayor Manené Rodríguez, primera mujer piloto de helicópteros en Panamá. Con raíces en Aguadulce, su nombre evoca la esencia de un poblado pintoresco de la provincia de Darién, pero su legado trasciende ampliamente su origen. Desde temprana edad, Rodríguez soñaba con surcar los cielos. Su determinación la llevó a ingresar a la Fuerza Aérea como agente de reclutamiento. Fue entonces, al subir por primera vez a un helicóptero, cuando definió con claridad su propósito convertirse en piloto. 

Su camino no fue sencillo. Bajo la supervisión de instructores estadounidenses, cursó un riguroso programa de formación que incluyó diez meses de aprendizaje intensivo de inglés antes de ingresar a la Escuela de Aviación en Fort Rucker, Alabama (hoy Fort Novosel), principal centro de entrenamiento de vuelo del Ejército de los Estados Unidos y sede del USAACE (United States Army Aviation Center of Excellence). En un entorno internacional y mixto, Rodríguez destacó como la única mujer extranjera de su generación y la primera mujer de América Latina y Europa en entrenarse allí como piloto de helicópteros.

Inició su carrera con el rango de agente y, gracias a su esfuerzo y dedicación, ascendió en la Fuerza Aérea Panameña hasta convertirse en figura clave de la aviación nacional. El legado de la Subcomisionada retirada Manené Rodríguez no solo se inscribe en los registros de la aviación, sino también en la inspiración que brinda a futuras generaciones de mujeres que sueñan con romper barreras y conquistar los cielos.

En abril de 1996 inició la XIX promoción de la Academia de Policía (ACAPOL), con el ingreso de unos 1,800 aspirantes. De ellos, se graduaron 977 unidades policiales, entre las cuales sobresalieron 50 mujeres perseverantes. Su presencia marcó un hito institucional más allá de las cifras, cada una representó esfuerzo, disciplina y la esperanza de abrir espacios de igualdad en una profesión exigente.

Estas damas azules afrontaron los mismos desafíos que sus compañeros varones y, además, tuvieron que vencer arraigadas barreras culturales y sociales. Con disciplina, vocación de servicio y lealtad al uniforme, demostraron que la misión de garantizar la seguridad de la Nación no distingue género. Su entrega dejó una huella operativa en el control territorial, la prevención y la reducción del delito, consolidada a lo largo de tres décadas de servicio a la Patria. Entre aquellas jóvenes que ingresaron a la institución se formaron periodistas, abogadas, docentes, ingenieras, arquitectas y trabajadoras sociales profesionales que, con garras de valor, engrandecen la función policial y proyectan un futuro institucional más inclusivo y fortalecido.

Formadas en la ACAPOL y provenientes de diversas regiones, respondieron al llamado de la época: “Queremos lo mejor de lo mejor, únete a la Policía Nacional”. En un contexto de creciente criminalidad, su preparación fue rigurosa. Instructoras como la Teniente Deisy Zambrano, la Sargento Segundo Vicky Salazar y las agentes Elena Rodríguez y Karina Castillo aportaron disciplina y liderazgo, consolidando un legado de profesionalismo y compromiso institucional.

Tras el retiro de las promociones femeninas entre 1991 y 1996, la Policía Nacional enfrentó el desafío de consolidar el legado de aquellas pioneras que levantaron la bandera de proteger y servir al país.

Hoy, el futuro representa la continuidad de ese legado mediante la preparación constante, el trabajo en equipo y la vocación de servicio. La institución muestra un personal femenino altamente capacitado en diversas disciplinas, lo que evidencia que su aporte no se limita a integrar un directorio, sino que abarca la innovación tecnológica, el fortalecimiento estratégico y el ejercicio profesional en diversas ramas con honor, disciplina y compromiso a la seguridad ciudadana.

El futuro exige que la mujer policía, que actualmente suma alrededor de 2,800 integrantes en la Policía Nacional, se consolide como parte activa en la seguridad nacional, con la posibilidad de aspirar incluso a ocupar la Dirección General de la institución.

Su misión es proteger la dignidad humana, garantizar el respeto y la defensa de los derechos humanos de nacionales y extranjeros, y actuar siempre conforme a los principios éticos del servicio público: lealtad, vocación de servicio, honradez, responsabilidad, eficiencia, valor y transparencia.

Este compromiso no solo honra el legado de quienes abrieron camino, sino que también proyecta un futuro en el que la mujer policía se convierta en protagonista de la transformación institucional, liderando con visión, equidad y firmeza hacia una seguridad más humana, moderna y justa.

Este artículo se desarrolló con los valiosos aportes de la Subcomisionada retirada Belkis Vega Hurane, Manené Rodríguez, la Capitana Luz María Llorente, Ida Palmer, entre otras destacadas mujeres, quienes narran desde sus recuerdos la formación y evolución de la participación femenina en la Policía Nacional.

Sus testimonios constituyen una memoria viva que refleja los desafíos, sacrificios y logros alcanzados en el proceso de integración de la mujer dentro de las fuerzas de seguridad, aportando una perspectiva única sobre la historia institucional y el legado que continúa inspirando a nuevas generaciones.

¡Dios y Patria!

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