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Trabajemos por la paz. No a la violencia
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El año 2000 ha sido declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como "Año Internacional de la Cultura de Paz", y próximamente se presentará ante dicho organismo, el Manifiesto 2000, documento que tiene como objetivo reunir 100 millones de firmas, tanto de ciudadanos como de los gobiernos del mundo, en virtud del cual cada uno de éstos, reconoce que para bien del futuro de la humanidad, especialmente de los niños de hoy y de mañana, y con "miras a transformar una cultura de guerra y de violencia en una cultura de paz y de no violencia, hay que comprometerse en su familia, trabajo, comunidad, en su país, a respetar la vida y dignidad de cada persona, a no practicar la violencia, a compartir tiempo y recursos materiales, cultivando la generosidad, a defender la libertad de expresión y la diversidad cultural, promover un consumo responsable y a contribuir al desarrollo de su comunidad.El compromiso, sin lugar a dudas, no resulta fácil y suena utópico, dado que en las sociedades modernas, no existe la paz, entendida ésta como ha señalado la UNESCO, no solamente como la ausencia de guerra, sino también de violaciones de los derechos humanos, aunque en el plano moral, el obstáculo para la paz se resuma en el pecado.En el caso de la violencia, que es uno de los males diarios, tenemos como protagonista al sujeto que no rechaza la violencia, al que la ejecuta aisladamente y por otra parte, a las víctimas que han sido atacadas en su dignidad o en sus derechos humanos.En este contexto, hoy en día, observamos que en ocasiones las personas resuelven sus problemas a través de la violencia física.¡Cuantas veces no hemos visto conductores envueltos en un accidente de tránsito que se dan golpes!.Y también ocurre que en el trabajo, las personas son atacadas con violencia física, verbal o sexual, por parte de sus jefes o compañeros de trabajo, al igual que sucede con las empleadas domésticas, que son generalmente humilladas.En el ámbito familiar es conocido el maltrato doméstico por parte del cónyuge en contra de la mujer o de sus hijos, de la violencia psicológica o verbal que se ejerce diariamente sobre nuestros niños y adolescentes y sobre los adultos mayores.También no podemos olvidar de la violencia hacia los estudiantes por parte de los profesores, en las que se le ataca psicológicamente o físicamente, así como de los recientes casos de violencia de los padres de familia en contra de los educadores...Vivimos, en una sociedad violenta, y el camino hacia una cultura de paz debe ser nuestro reto.Resulta inconcebible, que permanezcamos inertes e ignorantes ante este serio problema que tiene como aliado principal a la televisión.Ciertamente, no podemos erradicar la violencia, pero sí podemos aunar esfuerzos para trabajar por una cultura de paz, respetando los derechos de los demás sin distinción y cumpliendo en reciprocidad con nuestros deberes, y en esto los padres y abuelos ejercen una influencia decisiva, que es fortalecida por los educadores y los religiosos.Una cultura de paz debe reconocer que los problemas exigen un arreglo pacífico, y que a través del entendimiento, la tolerancia, la solidaridad y el diálogo es la forma para resolverlos.Iniciemos ya la edificación por una cultura de paz, promoviendo, defendiendo y contribuyendo a la misma, y que nos sirva de inspiración la conmemoración de este año, así como también los grandes esfuerzos realizados por los defensores de la paz, entre otros, Mahatma Gandhi, Dalai Lama, y Nelson Mandela.