Familias quieren volver a sus hogares, pero tienen miedo
Rosa, junto a sus dos hijos, espera en el Parque Recreativo Omar que las autoridades determinen el estatus de su inmueble.
Miles de familias en todo el país siguen durmiendo a la intemperie por miedo a que la tierra vuelva a temblar; las estructuras que, hasta la mañana del pasado viernes 9 de octubre, representaban seguridad, hoy generan preocupación y las obligan a dormir entre carpas y sábanas en parques o estacionamientos.
Jeznely Hernández, una joven de 20 años que acampó durante tres días en el Parque Recreativo Omar junto a su pareja, recuerda haber dicho, durante el movimiento telúrico, "hasta aquí llegué", pues se encontraba en el piso #18 de su edificio.
Aunque ambos lograron salir de la estructura con éxito, las réplicas registradas posteriormente los llevaron a tomar la decisión de abandonar su hogar y dirigirse al parque con los artículos que habían preparado para hacer frente a una posible emergencia (una tienda de acampar y una hielera).
Aseguró que la atención del personal del recinto, durante su estancia, fue buena e incluso se les permitió continuar en el sitio por unos días más; sin embargo, optó por regresar a su departamento, pues considera que el riesgo ha disminuido.
Hernández, en medio de la incertidumbre, solicitó a la población apoyar a quienes más lo necesitan y, con la mirada puesta en el cielo, manifestó su deseo de que Panamá se sobreponga a este episodio pese al miedo.
María, nombre con el que identificaremos a una madre cubana que también se refugió junto a su esposo e hijo en el parque, describió cómo una sensación de mareo la invadió de repente y, al escuchar a los vecinos gritar, se dio cuenta de que se trataba de un terremoto.
Aunque provienen de un país en el que afirmó están acostumbrados a ciclones y huracanes, nunca había experimentado un sismo; por lo tanto, no supo qué hacer; quien le dijo cómo actuar fue su hijo.
El menor, replicando lo aprendido en la Escuela Bilingüe Puerto Rico, indicó a sus padres que debían descender del edificio en busca de un lugar seguro, alejado de infraestructuras que pudieran colapsar. Así fue como llegaron al parque Omar, en donde han recibido un trato amable.
"La atención ha sido muy buena, nos ha gustado, incluso venían a repartir leche, agua y galletas", expresó a Panamá América.
Aclaró que su intención nunca fue quedarse en el sitio; al contrario, quería que su hijo se distrajera jugando mientras duraba el temblor, pero al percatarse de que las réplicas seguían y más panameños llegaban en busca de resguardo, decidió quedarse a dormir; no obstante, las lluvias del sábado la tomaron por sorpresa y tuvo que adquirir una tienda de campaña y un colchón inflable para protegerse hasta ayer, lunes, cuando decidió volver a su residencia.
Destacó que los nacionales, tanto en la tienda en la que compró lo necesario para pasar la noche como en el parque, han sido "un amor"; por ello agradeció la amabilidad y calidez brindada a su familia.
A unos cuantos pasos de la carpa de María se encontraba la de Rosa, quien, junto a sus dos hijos, salió corriendo descalza, con una mochila de emergencia y los nervios a flor de piel.
Compartió con este medio que la angustia por lo sucedido era tal que, pese a ser los primeros en salir de su residencia, se les dificultó abrir la puerta hasta que, después de varios minutos, lograron salir y, tras permanecer expuestos al inclemente sol, acordaron trasladarse hacia un lugar más cómodo.
Mencionó que su edificio, ubicado en Carrasquilla, sufrió daños estructurales, por lo que desconoce si puede ser habitado.
Rosa teme volver a su hogar y que una nueva réplica provoque una tragedia; por ello, prefiere seguir en el parque Omar, en donde se siente más segura mientras las autoridades determinan el estatus de su inmueble, aunque señaló que no se siente tranquila viviendo en un edificio después de lo sucedido.
Andrea, madre de tres niñas, narra que al momento del sismo una de sus hijas se encontraba en su departamento y la otra en la escuela, por lo que calificó sus intentos de comunicarse con ellas como momentos de "terror" porque no tuvo información de ninguna hasta una hora después; no obstante, ahora están juntas, durmiendo en una carpa en el parque Omar a la espera de los resultados de las inspecciones a su departamento para saber si pueden volver.