opinion
Breve radiografía del ser nacional
Silvio Guerra Morales - Publicado:
Mucho se dice de la incapacidad de los panameños para organizarse y así poder luchar contra todo aquello que lo oprime.Se han sostenido diversas tesis, la mayoría de ellas con un presuntivo fundamento sociológico, y que tienden a destacar, entre otras explicaciones: pérdida de valores por parte de la comunidad, ausencia del ser nacional entre los panameños, abatimiento del espíritu, incrementado sentido del consumismo y apego a lo material, la pobreza como obstáculo a la reclamación, etc.Sin embargo, aun cuando algunas de estas respuestas pudieran tener alguna razón, opinamos que las explicaciones tenemos que buscarlas en otro orden.Trataremos de indagar respecto a las reales causas del desmembramiento social panameño.Es una verdad a gritos que América Latina se presenta tardíamente en el escenario capitalista.Más todavía, ni siquiera podemos precisar si realmente nuestros pueblos latinoamericanos han conocido este modo específico de producción económica.Preferimos dar la respuesta negativa o en todo caso precisar que hemos sido victimizados por un capitalismo insuficiente, corporativista con el cual se podría elaborar una explicación objetiva del por qué del carácter disolvente de la política nacional.Lo que hemos conocido del capitalismo, básicamente, nos ha sido importado desde el norte de América.Estados Unidos nos importó e impuso a las transnacionales y los más importantes modos de producir o generar ingresos en nuestros países, todavía con economías endebles, ausentes de reales políticas económicas, siempre estuvieron dependientes de esas grandes transnacionales o multinacionales.Hoy día aún subsisten poderosos polos empresariales en nuestras naciones.Para el caso nuestro, el mayor ejemplo lo encontramos en la patética situación por la que atraviesa la comunidad de Puerto Armuelles en Chiriquí y el gran número de fincas bananeras adyacentes, cuyo principal y tal vez único punto generador de divisas se concentró en la siembra, cultivo y exportación del banano.Otro ejemplo lo encontramos en la comunidad de Natá, Coclé, donde cientos de trabajadores llevan el pan a sus familias merced a las operaciones de esa transnacional en la región.A nadie, por otra parte, le es ajena la idea de que los dueños de esas empresas, como efectivamente acontecía en Chiriquí, determinaban a quién los trabajadores tendrían que dar el voto en las elecciones presidenciales.Los tentáculos del poder empresarial no sólo se hacían reposar sobre las cuestiones del empleo en la región sino también en cuestiones tan importantes como los procesos electorales.Todos en Panamá nos hemos, de una u otra manera, escandalizados cuando escuchamos que la empresa Puerto Armuelles Fruti Company se retira del mercado chiricano, dado que lo que pensamos inmediatamente es en el gran número de desempleados y de cientos y cientos de familias que sufrirían ese retiro.También consideramos la incapacidad de nuestros gobiernos en no manejar una política económica coherente y tuteladora de los grandes intereses y bienes nacionales.Esto, sin duda, da al traste con las metas y proyecciones de esos poblados del interior que, consciente o inconscientemente, mantienen un alto grado de dependencia y marginación con esas empresas.La situación antes planteada es apenas un esbozo de lo que inicialmente hemos señalado: ¿Ausencia de organización o incapacidad de ser coherentes en nuestras posturas? La cuestión está estrechamente ligada con nuestra historia.Se ha venido publicitando el centanerio de la República como si la cosa nacional empezara en el año 1903.Al parecer casi todos están convencidos que nacimos como Nación el 3 de Noviembre de 1903.Esto es totalmente falso.La historia demuestra que nuestra vida como nación, nuestro ser nacionalista, se gestó antes de aquel 28 de noviembre de 1821 cuando, según relata la historia, Rufina Alfaro diera el grito de independencia en la Villa de Los Santos en contra del yugo español.Panamá conoció de una serie de constituciones en el siglo XIX que eran indicativas de la existencia de un espíritu nacionalista y estatal.Cosa distinta que se sostenga que en 1903 nace la entidad jurídico política denominada República de Panamá.Con ello, desde luego, que no pretendemos menospreciar el carácter importante del centenario, pero sí debe quedar claro que la República emerge como un Estado mediatizado lo que nos hace sostener, al mismo tiempo, que mayor ponderación podría tener el acto de 28 de Noviembre de 1821.No es ajena la idea ni deja de ser cierta aquella que postula que nuestros pueblos quedaron subsumidos en un régimen feudal que todavía en muchos poblados de nuestras naciones se deja advertir.Los gamonales de estos pueblos se sienten-y lo son en realidad- dueños de las tierras, de las herramientas de trabajo, de los locales comerciales y en algunos casos hasta deciden con quién se casará la mejor moza del pueblo, y ello sin dejar de intentar el ejercicio de un pretendido derecho de pernada (el primer amancebamiento corresponde al señor feudal).Estos gamonales, hoy con nuevas formas de actuar y de vestir, con nuevos métodos pero con iguales fines, siguen mandando y determinando qué es lo que debe ser y será lo que ellos han decidido que sea.Han pretendido suplantar la filosofía de Salomón plasmada en el Libro de Eclesiastés: todo lo determina Dios.Cómo pedirle al pueblo que se organice si se halla postrado ante esos gamonales panameños que si no mueven un dedo nadie lo va a hacer.Acostumbraron a nuestras gentes a obedecerles, a ser sumisos y la población también se acostumbró.Nuestra gente tendrá que ir madurando, tras grandes padecimientos, para cuando haya alcanzado la edad adulta darse cuenta que no es cierto que quien gobierna nuestros estómagos puede gobernar nuestras mentes.Hamilton, el estadista norteamericano, se equivocó, pues por encima de nuestra hambre se halla un valor supremo: nuestra dignidad.Sí podemos organizarnos, sí podemos ser coherentes y valientes.No necesitamos que ahora esos mismos gamonales salgan a decir que son del pueblo y que luego de haber comido de los manjares del poder junto con quienes mantienen a este país postrado en la pobreza, el hambre y el desempleo, digan, aun cuando pudiese ser cierto, que "las cosas están peor que en tiempos de la dictadura".En un aparente desespero por justificar el encubrimiento de la violación del déficit permitido, el oficialismo ha recurrido a la opinión de un representante del Fondo Monetario Internacional (probablemente ignorante de nuestra Constitución y de nuestra cultura política), cual discípulo obediente que fundamenta su acción en el librito de su maestro.Pero se olvida que el maestro también enseña que "el ranking que pueda tener una institución dependerá únicamente de su manejo financiero y operativo".Y somos nosotros los panameños y no ningún funcionario de las IFIS quienes hemos de decidir como garantizar el mejor manejo de nuestro Canal y cómo protegerlo de nuestros propios errores y antivalores, tal que lo hemos hecho otorgándole una autonomía extraordinaria y única a la ACP.¿Será mucho esperar que el país sepa la opinión de la Junta Directiva y de los más altos funcionarios de la Autoridad del Canal sobre este tema y que, conscientes de su responsabilidad constitucional e histórica ante el país, tomen alguna iniciativa sopesada ante el Ministro de Economía y Finanzas y si es necesario ante la Presidenta de la República, para que se evite este doble daño a la Autoridad del Canal de Panamá y, en consecuencia a los intereses fundamentales de nuestra nación y de nuestro pueblo? (ariyan@sinfo.net)