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Rendición de cuentas
Iván Lau De León - Publicado:
En las últimas semanas se ha desarrollado un vaivén de interpretaciones legales, artimañas y subterfugios jurídicos, con relación al importante tema de la rendición de cuentas, tergiversando el espíritu detrás de lo que se persigue, lo cual es conducir la gestión de los que detentan la administración de la cosa pública con actos rectos, enmarcados en buenos principios, y manejados para beneficio de la colectividad y no de unos pocos.El deber está abierta y directamente en contraposición con la realidad actual, se ha especulado sobre el tema, al punto que ofende al intelecto y a la sedienta credulidad del pueblo panameño para con los hombres y mujeres que conforman los gobiernos.Los cargos que los políticos desempeñen es en representación de los ciudadanos, manifestada a través de la más pura demostración de libertad, que es el sufragio, que permite que los miembros de una nación decidan qué personas los representarán para dirigir la maquinaria estatal.Rendir cuentas no sólo es un precepto de transparencia, es una responsabilidad de todo aquel que utiliza el patrimonio de la colectividad; es un deber moral que evoca de la raíz más profunda de la democracia.Abraham Lincoln señaló que "la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".Absurdo sería inferir lo contrario.En diversas épocas a través de la historia, cuando los mandatarios no rinden cuentas es porque consideran al resto de los individuos como sus súbditos, propio de sistemas feudales, dictaduras o de antiguos modelos de monarquías; sistemas de gobierno que ubicaba a los gobernantes en la cúspide de la pirámide, con una gran diferencia social, descalabro económico, y explotación de las masas.Estoy seguro que el propio Niccoló Machiavelli, haría un llamado al orden si viviera en los tiempo actuales, ya que la realidad es diametralmente opuesta a los principados.El mundo ha evolucionado, nuestro Panamá ha logrado salir del fango de la época de los caudillos, permitiendo el espacio a la conceptualización de la planificación estratégica y al trabajo en equipo, de tal forma que en los sistemas contemporáneos el individuo es ciudadano y juega un papel preponderante en cada país, y los dirigentes no son los dueños, sino los administradores, éstos se deben a los primeros.El dinero que se maneja proviene inclusive de nuestros impuestos, razón de mayor preocupación al recibir de nuestros gobernantes, elegidos por voto popular, respuestas tan autocráticas en modelos políticos que aspiran a un mayor equilibrio y descentralización.Existen muchas formas de abuso del poder.Desempeñarse en la vida pública rozando el libertinaje, es una de ellas.Al no rendir cuentas a la ciudadanía, se presume que se rinde cuentas a la corrupción, dichos delitos no deben prescribir; nada que se relacione con fondos del Estado debe ser vedado del dominio público, incluyendo desde las donaciones a las juntas comunales, los fondos manejados por la Asamblea Legislativa, hasta las partidas discrecionales que emulan los mejores tiempos de las dictaduras.El individuo que ostente un cargo público debe rendir cuentas al inicio, en el transcurso y al final de su gestión.Dicha rendición, desde un concepto amplio, sería todo lo que la ciudadanía le exija y, desde un concepto restringido, el patrimonio personal y la forma como vaya administrando los fondos otorgados durante su gestión.Como bien lo señalara Tomas Jefferson, "Cuando alguien asume un cargo público, debe considerarse a sí mismo como propiedad pública".Los valores que la clase gobernante proyecta al negarse a rendir cuentas de lo que se hace o deja de hacer con los fondos públicos, y especialmente con las llamadas partidas "secretas", confunde a las nuevas generaciones y su ejemplo es nada edificante en el proceso de maduración de nuestra incipiente democracia, pues esa conducta trasciende cualquier excusa de tipo legal y atenta contra los principios y valores por los que ha luchado nuestra sociedad.Por esta razón, le corresponde a la ciudadanía exigir a la clase política actuaciones transparentes y buenos ejemplos que contribuyan al fortalecimiento de nuestra democracia.Rendir cuentas no es un acto discrecional del servidor público o una bonita forma de ganar simpatías, es una obligación para con el pueblo de los que ejercen la gestión de gobierno y un derecho de los gobernados.Frente a esa realidad debemos aplicar el aforismo "quien nada debe, nada teme".