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Fiesta de libros en la noche habanera
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El escritor ruso Fedor Dostoievski habría escrito muy bien su historia de verano en La Habana.La céntrica calle 23 se llenó desde temprano en la tarde de una miríada de público, convocado por el espectáculo cultural de la noche del libro.Miles de ejemplares, a precios irrisorios fueron puestos a la venta, mientras la música, artistas, poetas y declamadores amenizaron esta fiesta de la lectura.El viernes 6 de julio se celebró un hecho inédito en esta ciudad.El gobierno organizó un festival para poner a la venta libros y los ávidos lectores se volcaron a esta histórica avenida para recorrer unas cincuenta cuadras, desde donde dobla, casi frente al cementerio Colón hasta un poco más abajo de la cuesta, al pasar el hotel Habana Libre, rumbo al malecón.La literatura, los estudios críticos, la política, la ciencia, el arte culinario, la sicología, la historia fueron algunos de los referentes.En ciertos lugares, los pequeños libros sobre mujer o sexología eran acompañados por ristras de condones; cuyos sobres advertían sobre el sida y recomendaban modos de utilización.En esta inusual celebración había algo que la gente empezó a coleccionar e intercambiar: hermosas postales con imaginativos diseños y textos poéticos como recordatorio de la jornada.Era el símbolo o el sello impreso que habría de recuperar para la memoria esta fecha especial.A un costado del local donde se venden los helados Copelia, Roberto Alfonso Cruz, artista del dibujo y la ilustración, dedicaba para chicos y grandes, ejemplares de sus trabajos, en especial de Destellos de un titán, obra en historieta que cuenta la vida del patriota Antonio Maceo y su papel en las luchas de independencia.Entre las oleadas de gente que solicitaba su firma en las páginas de sus libros, este ilustrador alcanzó a expresar "pienso que esta actividad contribuye al desarrollo de la cultura cubana, la afición por la lectura y el arte revolucionario." Cruz es miembro de las organizaciones que agrupan a los periodistas y a escritores y artistas de este país.Este dibujante ha recibido múltiples distinciones por su trabajo gráfico, que incluye la creación de personajes como Guabay, Yari y la producción en historietas de La epopeya del Granma.En las plazas y espacios libres que están en la avenida 23, artistas interpretaban notas musicales con cadencias caribeñas y la gente se arremolinaba para comprar y comprar libros.La fiebre era peor cuando los autores estaban presentes y promovían sus obras, como el caso del poeta Daniel Chavarría en un parquecito esquinero, lleno de vegetación.Por el cine Chaplin, frente al ICAIC, Instituto de Arte e Industria Cinematográficos, se podía adquirir un calendario de 2008 con imágenes del filme Beny.En estos alrededores, se sentía la bohemia en su máxima expresión y algunos aprovechaban para echarse unos rones o cervezas entre "bocaditos" y cucuruchos de maní en mesas desplegadas sobre las aceras o en balcones callejeros de los restaurantes.¡Qué noche esta la de los libros! afirmó la periodista Sonia Sánchez de Granma, en una nota de primera plana de este rotativo.Todo el mundo en la amplia exposición rindió homenaje al 105 aniversario del nacimiento del poeta Nicolás Guillén y en algunos portales se escucharon sus versos, leídos por jóvenes, niños y también adultos.En el Instituto de Radio y Televisión, un panel analizó los libros El imperio contracultural, del rock a la postmodernidad de Luis Britto García y Propagandas silenciosas, de Ignacio Ramonet.El público, sentado en el recibidor de ese añejo edificio, escuchó sobre la vigencia de Britto García en su mirada de la cultura del final del siglo XX, mientras que Ramonet hace un incisivo análisis a las herramientas de la comunicación corporativa para la construcción de una realidad ficticia.Sobre la ancha avenida G que baja hacia el malecón, unos anaqueles portátiles exhibían discos de la música popular que en ese país atrae como imán al espíritu rumbero, una especie de religión que anima el alma de los cubanos.Por esa razón, la gente no ocultaba su entusiasmo y en algunos lugares se veía manchones de parejas danzantes al ritmo de tambores, timbales, violines y claves.Este público es lector por naturaleza.La prueba es que pese a las carencias, se encuentran callejones y esquinas con libros viejos porque las librerías de los tomos recientes están casi vacías por el consumo de esos títulos novedosos.Ya se lo decía el escritor Fernández Retamar a un incrédulo Borges: "...un país llamado Cuba, cuyo régimen político yo sé que usted no aprecia mucho.Pero ni siquiera eso puede impedir que usted tenga allí millares de lectores, millares de admiradores".Los libros ilustran el entendimiento, una fiesta que tenga como estímulo la obra impresa de los escritores, expone un perfil cultural de un pueblo lleno de calor, de aroma del tabaco y el azul radiante del mar caribeño y deseos de ampliar sus perspectivas de conocimiento.En este verano, el sol se oculta tarde en Cuba y de haber estado vivo Dostoievski, con toda seguridad habría escrito unas noches blancas, mucho más luminosas que aquella donde escenificó una relación sentimental de jóvenes, porque esta noche el pueblo habanero salió en busca de un tesoro literario escondido en las páginas de los libros.