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Don Quijote y Sancho me acompañan
Dr. Miguel Antonio Bernal - Publicado:
“Desdichado aquel que no haya sido alguna vez Don Quijote, y que nunca haya enfrentado a molinos de viento como si fueran gigantes” Anatole France.“Los tres grandísimos majaderos hemos sido Jesucristo, el Quijote y yo” Simón Bolívar.“¿Cuál es, pues, la nueva misión de Don Quijote hoy en este mundo? Clamar, clamar en el desierto.Pero el desierto oye, aunque no oigan los hombres, y un día se convertirá en selva sonora, y esa voz solitaria que va posando en el desierto como semilla, dará un cedro gigantesco con cien mil lenguas”.Miguel de Unamuno.Hace algún tiempo, viendo mi tarjeta de presentación -que sólo anunciaba mis teléfonos y dirección- , se me antojó que su seriedad bien pudiera recordar un obituario, por lo severa y fría.Pensé entonces que debía añadir algo que indicara que se trataba de un ser humano, con emociones, preocupaciones, aspiraciones, con triunfos y fracasos; en fin, un ser vivo y con ganas de vivir.¿Qué necesitaba mi tarjeta? No lo pensé dos veces, como una aparición se me presentó de inmediato el Caballero de la Triste Figura, tal como siempre lo imaginé: listo para luchar y convencido de su ineludible triunfo ante la adversidad.Así, agregué en mi nueva tarjeta una pequeña y modesta figura del Quijote, pero quedó muy solitario.Me di cuenta de que le faltaba el fiel compañero a aquel mítico caballero, su no menos famoso y práctico escudero.¿Acaso no son Don Quijote y Sancho Panza complementarios? ¿Con qué derecho iba yo a separarlos? Sin embargo, las dos figuras solas parecían imágenes abstractas, apenas signos de una astrología literaria, por lo que sentí la necesidad imperativa de situarlas en nuestro planeta.¡Qué mejor lugar de la tierra que la vasta llanura manchega donde aparecieron aquellos gigantes, que para Sancho eran meros molinos de viento!Mi nueva tarjeta con el Quijote, Sancho, y los gigantes o molinos de viento (cada quien escoja), y de “ñapa” el desmirriado Rocinante, la distribuí entre amigos y conocidos.Lo hice con orgullo, pero sin soberbia, con deseos de recordarles que me siento identificado con estos personajes.Creo que repartí casi mil de estas tarjetas.Intercambié unas con ejecutivos del Deutsche Bank, sucursal de Nueva York, en una entrevista solicitada por ellos.Días después, apareció en Internet una cadena que copio textualmente: (Omito el nombre de la dama, tal como haría Don Quijote).“Perdonen que haga una carta cadena para esto, pero es que es impresionante.Uno se impresiona más porque no vive las locuras diarias del personaje.Ovidio se reunió acá con un grupo de economistas y banqueros.Habían estado en Panamá y se habían reunido, entre otras personas, con Endara.Y como regalo le trajeron a Ovidio la tarjeta de presentación de Endara.¿Pueden creer que ésta es su tarjeta de presentación? ¡Es increíble! Los banqueros le dijeron: “empieza a rezar para que ése no sea tu próximo presidente”.Para los banqueros que se escandalizaron por mi tarjeta, no se me ocurre otra calificación que “ignorante-savant “, o sea, aquellos que demuestran una extraordinaria capacidad en ciertas ramas del conocimiento, pero que son ignorantes y hasta incultos en todo lo que no sea su especialidad.Quizás sean buenos economistas, a lo mejor pueden determinar los riesgos de un préstamo y las ganancias que producirán; es posible que sepan invertir con sagacidad millones y millardos; tampoco dudo que reciben salarios de seis o más dígitos por sus astutas maquinaciones.Pero, posiblemente, hasta allí lleguen sus “sabidurías”.Si consideran que el poder económico les concede licencia para burlarse de mí por haber dado cabida en una tarjeta a Don Quijote y a Sancho, espero que ese mismo poder se convierta en escudo y los proteja cuando en alguna reunión les toque hablar o comentar sobre temas que no sean dinero sonante.Por sus burlas los conoceréis.Para estos banqueros, Don Quijote y Sancho sólo representan la locura y la glotonería.Ignoran las mil razones por las que estas heroicas figuras se convirtieron en cumbre de la literatura mundial.Por mi parte, desde que lo leí, me hice ferviente seguidor de Don Quijote y he tratado de cumplir sus normas de caballería que ahora copio y hago votos para que les remitan -con la misma premura con que hicieron “cadena”-, a los ingeniosos parientes de Rico McPato.Así explicó Don Quijote a Don Lorenzo (Cap.XVIII) lo que es la Caballería: “Es una ciencia que encierra todas las ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito, y saber las leyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, adonde quiera que le fuese pedido (...) ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla”.Son cosas que intento emular de mi héroe.A veces me veo como el Quijote, y otras como Sancho, pero casi siempre siento en mí una mezcolanza de los dos.¡Qué más quisiera yo! Un cóctel de ambos tendría un incomparable sabor humano.Estoy seguro de que en la aventura de los molinos de viento Don Quijote no hubiese quedado “muy maltrecho por el campo” si Sancho lo hubiese ayudado.De haber unido fuerzas, aquel molino sería una ruina en el paisaje manchego.Muchos panameños, cuando lucharon contra la dictadura, asumieron virtudes de este magnífico personaje.¿Y hoy? Los políticos deberíamos seguir las normas del Quijote.¿Acaso la corrupción no es un gigante al que debe enfrentar cualquier gobernante honesto? Ese Gigante es poderoso, y sólo será vencido si estamos poseídos por la “locura” sagrada del Quijote y el realismo positivo de la “ignorancia” de Sancho.Con motivo de la “cadena”, mi hija y algunos buenos amigos, me han pedido que elimine el uso de la discutida tarjeta de presentación.Dicen que “para evitar estas cosas, es mejor tener una tarjeta sencilla”.A estas personas, que estimo profundamente, les garantizo que nunca renunciaré a mi querida tarjeta porque sería renunciar a mí mismo.Por supuesto, si asumiera la Presidencia, en mi tarjeta de presentación estamparía el Escudo Nacional, y, claro está, es un símbolo patrio que está por encima del Quijote y sus amenazadores molinos."Evidentemente, hay una buena utilización de las cifras, porque no se toma en cuenta el final de la gestión de Pérez Balladares, expresó el viceministro de Economía, Domingo Latorraca.Según el funcionario, es un error medir el aumento de la deuda en este momento, porque aún no ha terminado el año y por lo tanto las amortizaciones a esta deuda no se han reflejado.