¿Por qué conviene la educación integral?
Cuando decimos "educación integral" no hacemos sino indicar el único camino posible para la orientación de la conducta y la ilustración de la inteligencia del hombre y la mujer, considerados como seres racionales. Cuando pensamos en la "educación integral", queremos significar que aceptamos que el hombre es un complejo consubstancial de materia y espíritu, una combinación esencial de cuerpo orgánico y de alma inmaterial e imperecedera y que, por lo tanto, todo tratamiento educativo debe mirar hacia la integridad de la persona humana y no a uno solo de sus componentes.
Si bien examinamos las grandes fallas de muchos de los más renombrados sistemas pedagógicos modernos, hallaremos que la raíz de ellas se encuentra en un concepto filosófico trunco sobre la personalidad humana. En efecto, buena parte de ellos aceptan al hombre como un ser mutilado y, por lo tanto, incompleto. Mas, ocurre que el hombre, a más de su naturaleza animal, se halla dotado de ese indeficiente y extraordinario y dinámico principio de racionalidad que hace de él una criatura específicamente distinta de los demás animales organizada para ser dominadora de la naturaleza y destinada a cumplir fines excelsos, cuyo radio supera los precarios linderos del espacio y del tiempo. El hombre es el ser más extraordinario y rico de la naturaleza.
Y si ello es así, si el hombre es, por naturaleza, múltiple y vario; si su campo de acción abarca desde la elemental agitación de sus células primarias en los recónditos núcleos de su organismo hasta la palpitación de su pensamiento en las regiones de la lucubración metafísica; si, por una parte, es vida vegetativa y sensitiva, organismo animal que debe desarrollarse y nutrirse y, por otra, es espíritu que lleva en sí el ímpetu emancipador y la fuerza fecunda de la actividad creadora; si es tan pronto facultad receptora del conocimiento como fuerza efectiva capaz de amar y odiar, de gozar y sufrir, o potencia volitiva suficiente para traducir en actos los anhelos del corazón o las concepciones de la mente, es preciso concluir que una educación integral no será sino aquella que contemple, en su debida importancia, la totalidad de las facultades humanas.
Sensibilidad, afectividad, raciocinio, volición, o sea cuerpo y espíritu; sentidos e inteligencia; corazón y carácter. Todo cuanto en nuestra inteligencia se halla, ha pasado por nuestros sentidos. La educación de los sentidos externos es, por eso, una de las primeras tareas de una educación adecuada. El niño y la niña, colocados en posesión de los instrumentos de su sensibilidad, iniciarán la vertiginosa carrera de su conocimiento, carrera que podrá convertirse en un desordenado girar sin rumbo si la mano experta del maestro no los guía en orden al adecuado desarrollo de sus demás facultades.
Dentro de estos propósitos, ciertamente inspirados en los superiores intereses de la nación panameña, se impone la necesidad e importancia de la "educación integral", tanto en la educación general para todos los alumnos como en los ciclos de formación especializada y superior. Vale decir, aplicar un bien equilibrado juicio pedagógico de lo que nuestra educación requiere en todos y cada uno de sus niveles (primario o básico general, premedio, medio y superior) para seguir contribuyendo en forma más y más eficiente al desarrollo de nuestra cultura y al progreso social y económico de nuestro país.