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El ascensor espacial: de la utopía a la realidad
Mayra Madrid - Publicado:
Cuando le preguntaron cuándo se haría realidad el sueño del ascensor espacial, el autor de ciencia ficción Arthur C.Clarke dijo una vez: "probablemente en 50 años, cuando todo el mundo haya terminado de reírse".Ahora, la idea ocupa seriamente la atención de muchos, especialmente, de la NASA."A finales del siglo XXI, el ascensor espacial podría convertirse en uno de los medios de transporte con el espacio y la NASA intenta actualmente identificar cuáles son las tecnologías necesarias para desarrollarlo", explica David Smitherman, de la Oficina de Proyectos avanzados del Centro Espacial Marshall en Huntsville (Alabama).La idea de este revolucionario transporte germinó a finales de los años 50 en la imaginación de un ingeniero ruso, Yuri Artsoutanov, antes de ser desarrollada en 1966 por el oceanógrafo norteamericano John Isaacs e inspirar a Arthur Clarke en una de sus novelas "Las fuentes del paraíso" (1978) y "2061, Odisea III" (1988).El concepto es simple: para reemplazar los cohetes que cuestan tan caro y consumen tanta energia, ¿por qué no conectar una estación espacial con la Tierra mediante un cable lo suficientemente largo permita colocar en órbita vehículos de transporte de pasajeros o de carga?La longuitud del cable varía de acuerdo a los proyectos.El centro de masa, donde será anclada la estación espacial, estaría en órbita base (de 1.600 a 4.000 km) o geoestacionaria (36.000 km).La base del dispositivo sería colocado en el Ecuador por razones de metereología (vientos débiles, sin huracanes ni tornados) y de preferencia sobre una plataforma marina, en caso que el cable se derrumbe."El lugar más estable en el mapa gravitacional para la construcción de un ascensor espacial se encuentra en el Océano Indico, a 70 grados de longuitud este, al sur de India, cerca de las islas Maldivas", asegura Smitherman.Hasta aquí, la realización de este proyecto enfrentaría obstáculos tecnológicos, como la ausencia de materiales suficientemente resistentes para diseñar el cable.Pero los investigadores lograron recientemente poner a punto nanotubos de carbono: esas fibras, cien veces más resistentes que el acero y 50.000 veces más espesas que un cabellos, serían el material ideal.Para elevar un ascensor, se emplearía el clásico sistema de ruedas, poleas y motores, es decir, una máquina de propulsión electromagnética de tipo MagLev (levitacion magnética), un procedimiento conocido y dominado.Sin embargo, persisten todavía varios desafíos, destaca el físico Bradley Edwards: dominar las oscilaciones del cable, reparar los daños causados por los micrometeoritos, radiaciones o por el oxígeno atómico, tomar en cuenta los riesgos de colisión (satélites, tráfico aéreo), etc.Aunque para Jerome Pearson, presidente de la sociedad Star Technology and Research, la ventaja de un sistema como ese sería su rentabilidad."El ascensor espacial daría una respuesta a uno de los problemas fundamentales a los que estamos enfrentados actualmente, que es el costo exhorbitante de las puestas en órbita" de las naves, afirmó.Según un reciente estudio, la energía requerida para elevar una carga útil de seis toneladas hasta ponerla en órbita costaría apenas 17.700 dólares, es decir 1,48 dólar por kilo (contra 22.000 dólares/kg que cuesta hoy en día el envío en una nave espacial).El envío de un pasajero con equipaje (150 kg en total) costaría 222 dólares.La construcción de un sistema como este costaría alrededor de 40.000 millones de dólares, pero esta cifra representa 40% del precio de la actual Estación Espacial Internacional (ISS), según Edwards."El ascensor espacial no está más sólo en el área de la ciencia ficción.Las tecnologías progresan tan rápido que es posible imaginar su construcción durante los próximos decenios", se entusiasma.